Por Yasel Porto

La peor noticia para el béisbol cubano posiblemente de toda la semana ha sido la muerte de uno de los últimos sobrevivientes de una época dorada, que además de sobresalir como jugador lo hizo como entrenador. Incluido de su propio sobrino, la estrella retirada de los Yanquis de Nueva York Jorge Posada.

A los 86 años de edad falleció en la ciudad de Miami Leopoldo Posada, quien jugó en la Liga Profesional de Cuba en su etapa final, así como las Grandes Ligas por tres temporadas y en varios circuitos de la región caribeña.

En casa de Posada junto al también exjugador cubano de Grandes Ligas Gonzalo Naranjo

Posada nació el 15 de abril de 1936 en La Habana, y sobresalió básicamente como jardinero en los niveles profesionales dentro y fuera de su país de origen.

Dio sus primeros pasos en la pelota amateur con el Club Fortuna (Liga Nacional Amateur) hasta que firmó profesional en 1954 para irse a las Ligas Menores. Participó en cinco temporadas de la Liga Cubana desde su debut en 1955-1956 con el Habana (.333). Repitió en 1956-1957 (.242) y en 1958-1959 pasó al Almendares (.270), con quienes estuvo también en las restantes dos contiendas. En 167 desafíos conectó 113 hits (.270), con 49 anotadas, 62 impulsadas, 21 dobles, 4 triples, 12 jonrones y 3 bases robadas.

Fue uno de los miembros de los azules que se impusieron en la Serie del Caribe que en el año 1959 se celebró en Caracas, Venezuela.

Participó en 155 juegos, con 109 hits en 426 veces al bate, (.256), con 11 dobles, 7 triples, 8 jonrones, 51 anotadas, y 58 impulsadas. Recibió 46 bases por bolas, con 105 ponches, y slugging de .371. Su fildeo fue de .976 en 86 encuentros como jardinero izquierdo, 36 en el derecho y 20 en el centro. En 1961 fue líder en elevados de sacrificio (12).

En total estuvo en 16 campañas de Ligas Menores, entre 1954 y 1969. Seis veces promedió sobre .300, y 8 con más de 100 hits, con varios años de interés.

En 1959 (20), 1964 (22) y 1965 (26) superó la veintena de cuadrangulares. En 1960 integró como jardinero, el todos estrellas de la Southern Association, clase AA, jugando con el Shreveport, después de destrozar la liga con promedio de .314, 122 propulsadas, 181 hits, 35 dobles, 89 anotadas y 18 bambinazos.

En la Liga de Texas, clase AA, fue escogido al todos estrellas en 1964 jugando para el San Antonio (.272, 22 HR, 90 CI). Un año después, ahora con el Amarillo, mejoró sus resultados luego de ser elegido como Jugador más Valioso y concluir como líder en cuadrangulares (26) y carreras impulsadas (107), además de su average de .305.

Entre 1961 y 1970 estuvo en Venezuela. Solo en esta última lid no tuvo un rendimiento destacado. En total, 108 desafíos y 388 veces al bate, conectó 118 hits (.304), con 27 dobles, 6 triples, 10 jonrones y slugging de .482. Participó con el Monterrey en la Liga Mexicana.

Como manager en 1968 junto a Tony Pacheco, con apenas 32 años, dejó al Cocoa Astros en segundo lugar de la Liga de la Florida con marca de 74-65. Estuvo dos más como guía de este club. Luego estuvo como timonel de Cesar Rapids en la Midwest League, clase A de los Astros, en 1974, terminando en cuarto escaño con 54-66.

En 1975 dirigió a los Yankees de Fort Lauderdale de la Liga de la Florida, clase A (el equipo fue tercero en la división sur con 61-75). También timoneó al Columbus en AA, sucursal del Houston, con registros de 58-80 (1975) y 60-77 (1976). En 1978 se despidió de esta labor con el Daytona Beach, clase A, dentro de la misma organización de los Astros (42-93).

Posada fue un destacado ciclista en su juventud, al punto que en 1950 participó por Cuba en los Juegos Deportivos Centroamericanos celebrados en Guatemala.

Leo también se dedicó a entrenar en su propia casa colindante a la famosa calle 8 de la «capital del sol» estableció una jaula de bateo en la que instruyó a niños, jóvenes y hasta peloteros de Grandes Ligas. Entre ellos estuvo J. D. Martínez, a quien ayudó a pesar de una longevidad superior a las ocho décadas de existencia.

En los últimos tiempos la salud de Posada se había quebrantado un poco por el lógico paso del tiempo, que lo privó incluso de mantenerse tan activo como en años anteriores.

Posada me enseña algunos «trucos» en su jaula de bateo en su casa de Miami (2017)

A Posada lo conocí en 2017 gracias al también fallecido expelotero Gonzalo «Cholly» Naranjo, donde tuve la oportunidad de entrevistarlo. Más tarde nos volvimos a encontrar en el homenaje que le hicieron los Marlins en el 2019 a los veteranos del béisbol cubano en su estadio.

Con respecto a su sobrino Jorge (hijo de su hermano), se convirtió en una de las figuras más significativas de aquellos Yanquis que bajo la dirección de Joe Torre consiguieron la corona en las Series Mundiales de 1996, 1999, 2000 y 2001, además de ser parte del último títulos de los del Bronx en 2009 bajo la égida de Joe Giradi.

Allí se destacó sobre todo por su buena ofensiva como ambidextro, con una defensa que sin llegar a la estelaridad de otros boricuas de su tiempo como Iván Rodríguez, Benito Santiago o los hermanos Molina, al menos cumplió su papel bastante bien por década y media de labor que siempre desarrolló con el uniforme de los rayados (1995-2011).

Llegue a familiares y amigos de Leo el pésame de quien tuvo le dicha de compartir, aprender y hasta divertirse con él, y que siente no haber estado físicamente en Miami para darle físicamente el último adiós.

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