Hace un par de años conversé por única vez con Juan Bravo, un buen hombre que acaba de fallecer mientras hacía una visita a Cuba procedente de Estados Unidos, adonde emigró a comienzos de la década pasada.
A Juan Bravo le tocó vestir la franela de Industriales en los años ochenta, justo cuando la capital y todo el beisbol cubano eran un dilatado semillero de jugadores de calibre.
Por entonces, el que escribe era un niño que hinchaba por los Leones de la capital, y jamás ha olvidado que en 1989 aquel moreno se las ingenió para acabar de champion bat en un período donde estaba en su prime un señor llamado Omar Linares.
A Juan Bravo le tocó lidiar con auténticas fieras
Juan Bravo no fue un superdotado como bateador ni tras el plato, y ese precisamente fue su mérito mayor. El oriundo de San Francisco de Paula logró ser titular en el beisbol cubano pese a coincidir en tiempo y espacio con receptores de Industriales como Armando Ferreiro, Humberto Casamayor, Iván Correa o Ricardo Miranda, y lo hizo sobre la base de regularidad y entrega.
Él conocía sus limitaciones, y de esa aceptación partió su éxito. Como me dijo en la entrevista para Cubanet, “yo me basaba en el sistema de juego que les gustaba a los managers de esa época: tocar la bola, correr, robar una base... Incluso en más de una ocasión salí a cubrir por algún jugador que se sentía mal. Esas cosas me dieron buenos resultados, y sin haber sido un fuera de serie fui tanteando y tanteando para sobrevivir en un cielo repleto de estrellas”.
A lo largo de toda la charla me pareció un tipo honesto y serio. Recuerdo cuando dijo que dos de los grandes errores de los directivos del beisbol cubano habían sido los retiros masivos y la eliminación de Metropolitanos, que los catchers de ahora ya no tienen que pensar, y que Pablo Miguel Abreu y Ariel Prieto se le habían hecho complicados a la hora de recibirles los envíos.
Sin embargo, lo que más me conmovió ese día fue la decencia viril que esgrimió llegado el momento de evocar el peor golpe que le asestaron en su carrera de 17 temporadas: por si alguien no lo sabe, a Juan Bravo lo excluyeron de la Selectiva de 1990 por razones que jamás se aclararon, aunque a su juicio todo había derivado de una reunión a la cual no asistió.
La mala fortuna de Juan Bravo en el beisbol cubano
“Eso fue un desaliento muy grande, al extremo que me fui a trabajar en un agro. No quería saber nada de pelota. Si algo fue viral durante una gran etapa en el beisbol cubano fue menospreciar a los atletas que lo dieron todo, que dieron su vida, su amor, que dejaron su familia y rechazaron propuestas”, me confesó
Una vez retirado, Juan Bravo pasó a entrenador, lo volvieron a ningunear y optó por irse del país. En Miami, me han contado unos cuantos amigos, hizo un trabajo destacado en academias, y así fue hasta que ahora, por desgracia, nos sorprende la noticia de su fallecimiento a causa de un infarto.
Que Dios guarde a Juan Bravo, un hombre que (como me dijo) ya no sentía rencor por aquellos que lo perjudicaron. Esa fue la mejor enseñanza que saqué del privilegio de poder entrevistarlo.
¿Quién fue Juan Bravo?
Recién fallecido, Juan Bravo Prescott defendió los colores de Industriales, Metropolitanos e Isla de la Juventud, y a lo largo de su trayectoria probó ser un catcher capaz de hacer buen uso del bate y saber ganarse la confianza de sus lanzadores.
El gran momento de su carrera tuvo lugar en la Serie Nacional 1988-1989, en la cual terminó al frente del average con .414, producto de 58 imparables en 140 veces al bate.
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