Coleccionar sellos, cosas de béisbol, pinturas de famosos o lo que sea, requiere dinero, tiempo, contactos y una dosis de buena suerte. Esto último, el azar, la casualidad o el destino, puso la primera piedra, una bastante grande, en la colección de tarjetas de béisbol que ha logrado acopiar durante décadas el número uno en Cuba y en el mundo de postales cubanas de béisbol profesional.
Hablamos de Rolando Sánchez, a quien visitamos no hace mucho en su casa en La Habana, donde nos recibió con mucha gentileza y dispuesto siempre a compartir su vasto conocimiento de pelota profesional antillana y su inigualable compilación de postales y mercancía relacionada con el béisbol.
Escuchando la conversación hay un lote completo de 32 platos colgados en las paredes de la improvisada oficina en la antesala de su casa en Santos Suárez, donde recibe a visitantes como yo, que quedamos hechizados viendo su extensa memorabilia. Esas 32 piezas de cerámica, que muy pocos coleccionistas poseen, traen los logos de los cuatro equipos que contendían en la Liga Profesional Cubana de béisbol: Almendares, Marianao, Habana y Cienfuegos.
Una caja de zapatos que cambió su vida
A sus 78 años de edad, Rolando mantiene intacta su pasión por el coleccionismo, que comenzó a tomar en serio en los prolegómenos de la década del 80, aunque unos años antes tuvo la buena fortuna de dar con su primer lote de tarjetas, conseguidas en el sitio menos esperado. Él lo cuenta así:
“Un conocido del barrio tiró unas cosas en el latón de la basura, un amigo lo acompañó y vio que entre lo que botó iba una caja de zapatos antigua bastante bien conservada y algo pesada, así que la recogió y luego al abrirla en su casa la encontró llena de postalitas de peloteros. Como él sabía que yo era aficionado a esas cosas, me las vendió”, recuerda.
Entre las tarjetas sacadas del contenedor de la basura, había muchas de la primera colección que salió a la venta en Cuba, el famoso set de Cabañas de 1909.
“Yo las guardé pues no sabía lo que tenía en las manos, pero pasó el tiempo y otro coleccionista se interesó mucho por esas postales, prácticamente me visitaba diario tratando de que se las vendiera, de modo que indagué un poco y supe que costaban mucho. Ahí fue cuando me dediqué de lleno al asunto”, explica Rolando Sánchez
Cualquier postal de ese set vale ahora mismo miles de dólares, porque son difíciles de conseguir, imagínense, las primeras postalitas de peloteros que se vendieron en Cuba, hace más de un siglo. Fue idea de la fábrica de cigarros Cabañas, que aprovechó la visita de un conjunto de las Grandes Ligas a la isla, los subcampeones de 1909, Tigres de Detroit, que se saldó con ocho derrotas y cuatro triunfos ante los equipos Habana y Almendares. “Las tarjetas, con jugadores de las tres novenas, venían dentro de las cajas de cigarros, como una forma de promocionar la marca, desde luego”, apunta Rolando, mientras pone frente a mí los santos griales de las postales cubanas.
Su padre, Alberto Sánchez, también era coleccionista, pero de filatelia, todo lo cual lo heredó a su vástago cuando falleció en 1971. También su amor por el béisbol.
“De niño, me llevaba a ver los partidos de la Liga Profesional Cubana, donde conocí a peloteros famosos, como Orestes Miñoso, y después, a partir de 1962, los de la Serie Nacional. Mi papá conocía a todos esos jugadores, a Pedro Chávez, Urbano González, etc. Estuve en la inauguración de ese torneo”, rememora.
Las postales que desaparecieron del béisbol cubano
La Liga Cubana Profesional concluyó en 1961 y a partir de la llegada del nuevo régimen de Fidel Castro, hubo más interés en la propaganda política y en ensalzar la figura de Castro que la de los peloteros, desapareciendo el pasatiempo de las tarjetas de béisbol.
“En el año 1963 sacaron unas postales a raíz de unos juegos que se dispu*aron contra un elenco mexicano; luego en 1970 el semanario Pionero puso en circulación un álbum con dibujos de las estrellas cubanas de entonces, lo mismo al año siguiente, y en 1994 apareció un set muy bonito que se imprimió en Canadá”, enumera. “Fue un error dejar eso a un lado”.
Ahora con las redes sociales el mundo del coleccionismo se ha soltado bastante en la isla. En contraste, en los años ochenta eran como una secta, se movían con cautela, visitando casa por casa y preguntándoles a los dueños si tenían algo del asunto. Ahí fue cuando Rolando y otros coleccionistas se hicieron de postales y objetos que con el paso del tiempo han agarrado mucho valor. También dio lugar a la aparición de tiburones de tierra.
“Venían ‘buitres’, mercaderes de Estados Unidos y otros lugares a cambiar ‘oro por espejitos’. Te daban un dólar por una postal que costaba $500. Un puertorriqueño, ‘Yuyu’ Ruiz, hizo una fortuna. Había mucha necesidad también en los ochenta. Llevaban a la gente a la tienda, le compraban un ventilador, ropa de marca, comida, y recibían miles de dólares en artículos de béisbol que costaban un ojo de la cara fuera de Cuba”, recuerda con pesar.
Eso sí, el hecho de que muchos de esos artículos hayan brincado el charco para terminar en Estados Unidos o en otros países, ha posibilitado que se puedan conservar mejor en comparación con el destino que les hubiera deparado en Cuba.
De coleccionista a historiador del béisbol cubano
Por las manos de Rolando han pasado tantas revistas, libros, fotos, pines, postales y artículos de béisbol, que se ha convertido en un historiador, un referente en la materia. Como muestra un botón: ha publicado tres catálogos que muestran todas las tarjetas de béisbol confeccionadas en Cuba, así como parafernalia del sector. En su página de Facebook está volcando toda su experiencia en la materia.
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