Noche ventosa, de mucho viento, la del lunes 18 de abril de 1960 en la capital de Estados Unidos, el día inaugural de la temporada de las Grandes Ligas, con el conjunto local, los Senadores de Washington, enfrentándose a los Medias Rojas de Boston.
En lo que se anunciaba como el último juego de apertura de esa franquicia, Minnesota Twins los reemplazaría al año siguiente, el presidente norteamericano de entonces, Dwight Eisenhower, así como su vicepresidente Richard Nixon, no quisieron perderse ese partido.
Como no podía ser menos, Eisenhower tuvo a su cargo el lanzamiento ceremonial de la primera bola, en realidad tiró dos, que cuando aquello se realizaba desde las gradas hacia el campo, con los peloteros peleándose por la esferoide como si fuera la llave de un cofre repleto de oro. Desde el box se lanzó desde 1988, Ronald Reagan cambió el ritual, pero esa es otra historia.
Dominante actuación monticular
De tirar las serpentinas por la novena de Washington D.C. al subirse el telón ese año en la Liga Americana, la Nacional se inició una semana antes se encargó el pitcher derecho cubano Camilo Pascual, que a sus 26 años ya era considerado uno de los mejores serpentineros de la gran carpa. Un año antes, con ese mismo maltrecho plantel de los Senadores ocupando el sótano de su circuito, se las ingenió para salir airoso en 17 encuentros.
Tras lanzar los nueve innings contra Boston en el primer choque de ese 1960, Pascual, nacido en La Habana el 20 de enero de 1934, salió con el brazo en alto, llevando a su equipo a un cómodo triunfo con marcador de 10-1 y, lo más importante, asentando en los libros de récords una marca que sigue vigente al momento de ordenar estas líneas, la de más ponches propinados en un Día Inaugural.
Se cubrió de gloria
Tan loable fue su faena, tan efectiva su mortífera curva, que al día siguiente el propio Eisenhower, que había jugado pelota en su juventud antes de enlistarse en el ejército, declaró a la prensa: “Me encantó verlo implantar un nuevo récord de ‘struck outs’. Lo tenían que haber visto ponchar uno tras otro, hasta que ponchó a 15”.
66 años después, ningún otro pitcher ha conseguido ni siquiera igualar la marca de Pascual. Tres ponchadores han retratado a 14 bateadores el día del pistoletazo de salida: Don Drysdale, de Dodgers de Los Ángeles en 1960; Randy Johnson, en dos ocasiones, con los Marineros de Seattle (1993 y 1996) y Shane Bieber en 2020 con los Guardianes de Cleveland. Dado que hoy en día escasos abridores trabajan los nueve innings en la jornada en que se sube el telón del Big Show, es muy difícil que el hito de Pascual llegue a superarse.
En ese histórico juego que Pascual se puso la capa de superhéroe, la carrera de Boston se produjo por un largo cuadrangular de la estrella Ted Williams, quien no se tomó ningún chocolate esa noche, pero dijo después del partido: "Nadie en esta liga puede compararse con ese lanzador".
La marca sin parangón de Pascual tuvo su dosis de suspenso, ya que, a falta de un out para completar los nueve innings, sólo había ‘pasado por la piedra’ a 14 rivales y el último hombre en el rectángulo por Boston, el cuarto bate Gene Stephens, estaba en 3 y nada, pero el cubano se asentó en el box y le lanzó tres strikes consecutivos para completar la hazaña y desatar la locura en el vetusto parque "Griffith Stadium"
Pocos cubanos pueden presumir de un palmarés parecido al que dejó en el béisbol Camilo Alberto Pascual Lus, que sabía mezclar su aceptable velocidad con uno de los mejores envíos de curvas hacia abajo en la historia del pasatiempo, al que llamaban de “arco de barril”.
Fue escogido siete veces para el Juego de las Estrellas y encabezó su Liga en ponches en tres ocasiones consecutivas (1961–1963). A lo largo de sus 18 años de carrera en las Grandes Ligas (1954–1971), acumuló 174 triunfos, 2.167 ponches y una efectividad de 3,63, guarismos que lo convierten en una de las ausencias más notorias en el Salón de la Fama del Béisbol rentado. También dejó excelentes números en la Liga Cubana Profesional y en las Series del Caribe.
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