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Cubanos en MLB

Centenario del natalicio de Willy Miranda: El primer mago cubano en MLB

El 24 de mayo de 1926, en la antigua provincia de Oriente, vio la luz un artista del guante que se llamó Willy Miranda.

Willy Miranda es recordado de grata manera en el beisbol.
Willy Miranda es recordado de grata manera en el beisbol.

Cierto es que con el madero fue bastante limitado, pero las cosas que le vieron hacer a Willy Miranda a la defensa eran de otro mundo.

Exactamente cien años atrás, en un pueblito de la antigua provincia de Oriente, nació Willy Miranda, el primero de los torpederos mágicos de Cuba, antecedente histórico de los archiconocidos Rey Ordóñez y Germán Mesa.

Lamentablemente no hay videos que puedan dar fe de los milagros que era capaz de obrar el menudo jugador de nueve campañas MLB. Sin embargo, tampoco existen razones para dudar de los elogios que mereció de numerosas leyendas del diamante.

Todos hablan maravillas de Willy Miranda

Cito ejemplos. Tom Lasorda, un manager en el Salón de la Fama, lo bautizó como el mejor campocorto que había visto jamás, opinión que compartió Tony Taylor, el número uno de los camareros cubanos en las Grandes Ligas.

Por su parte, “El Premier” Conrado Marrero aseguró que “Willy Miranda sacaba outs desde lo más profundo de la posición” y hacía “jugadas legendarias”. Y otro ilustre con placa en Cooperstown, Phil Rizzuto, confesó que “al observarlo aprendí muchas cosas sobre cómo cubrir el shortstop, ¡y yo creía saberlo todo!”.

A Willy Miranda, como se dijo antes, le tocó abrir el camino del arte cubano en el riguroso escenario de MLB. Su talento iluminó los años cincuenta y suyas fueron unas tribunas que disfrutaron sus movimientos de bailarín, su alcance extraordinario y aquel brazo que no se correspondía con la frágil apariencia de un pelotero de 150 libras. Uno de los mentores que lo dirigió, Paul Richards, llegó a exclamar que tenía manos tan rápidas “como las de los carteristas”.

Se cuenta que durante casi toda su carrera profesional utilizó el mismo guante remendado. Lo llamaba “Old Faithful” y era un modelo Bob Dillinger grande y pesado que por su dureza algunos describían como “una tabla”. Lleno de reencordados y parches, la imagen demacrada del viejo guante de cuero hacía que muchos se preguntaran cómo Willy Miranda podía fildear con él.

Guillermo Miranda Pérez, que tal era el verdadero nombre del artista, fue el quinto de los siete hijos de Teodoro e Isolina (por cierto, el mayor de ellos, Fausto, devino reconocido periodista deportivo en medios como El Nuevo Herald). Y desde los ocho años soñó en grande: no solo quería llegar a la MLB, sino además vestir el uniforme de New York Yankees.

La primera ambición la hizo realidad en 1951, de la mano de Washington Senators. La otra la consumó dos años más tarde, y le deparó la infinita felicidad de ganar una Serie Mundial. Aunque eso sí, no como titular de la posición, porque Willy Miranda fue tan habilidoso con el guante como limitado con el bate.

Willy Miranda, un jugador que alegraba el diamante

Se paraba en el plato a la derecha y a la zurda, pero a ninguna de las dos brilló como quería. Es por eso que habitualmente jugó como reserva (excepción hecha de un par de cursos con Baltimore Orioles), y que en 1959 dijo adiós a MLB con solo 33 años cumplidos.

Definitivamente, Willy Miranda quedó muy a deber con el madero. En 12 temporadas en el beisbol cubano promedió .236 con apenas tres cuadrangulares, y su estancia en el Big Show la terminó con average de .221.

Una vez ido del máximo nivel, el mago emigró a Estados Unidos en 1960, se estableció en Baltimore, hizo alguna que otra incursión en la pelota (como dirigir a los mexicanos Sultanes de Monterrey en 1968), y falleció el siete de septiembre de 1996 a causa de un cáncer de pulmón,

Para entonces, con todo derecho, ya había sido incluido en el Salón de la Fama del Béisbol Cubano. Como escribiera Bob Logan en el Chicago Tribune, “con la forma en que Willie Miranda jugaba, el beisbol era divertido”.

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Michel Contreras

Licenciado en Comunicación Social en la Universidad de La Habana, es uno de los periodistas deportivos cubanos más reconocidos de las últimas décadas, con más de 30 años de trayectoria profesional en prensa escrita, análisis deportivo y periodismo cultural. Especializado en béisbol, Grandes Ligas y deporte internacional, ha desarrollado una sólida carrera como cronista, entrevistador y analista, destacándose por la profundidad narrativa y el enfoque histórico de sus trabajos. Su experiencia abarca cobertura de MLB, béisbol cubano, fútbol, boxeo, atletismo y ajedrez, con especial énfasis en la crónica deportiva, el comentario y la entrevista. A lo largo de su carrera trabajó en importantes medios de comunicación cubanos como Juventud Rebelde, Bohemia y Cubadebate, antes de integrarse al periodismo independiente, colaborando con plataformas reconocidas como OnCuba, Cibercuba y Cubanet. Además, textos y artículos de su autoría han sido publicados en diversos medios internacionales de habla hispana. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos en concursos periodísticos provinciales y nacionales, consolidando una trayectoria de referencia dentro del periodismo deportivo cubano contemporáneo. También es autor de los libros “Dioses Paralelos” (Ediciones Loynaz) y “Vuelos de Gavilán” (Unos y Otros Ediciones). Desde hace varios años forma parte del equipo editorial de Swing Completo LLC, medio especializado en Grandes Ligas y béisbol latino con sede en Connecticut, Estados Unidos, reconocido como una de las principales referencias informativas para la audiencia hispana en EE.UU. y Latinoamérica en temas relacionados con MLB y béisbol profesional. Dentro de Swing Completo se desempeña como escritor y analista especializado, aportando experiencia, profundidad periodística y cobertura editorial enfocada principalmente en béisbol, Grandes Ligas y deporte internacional para plataformas digitales dirigidas al público hispano.Ver más

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