El día que Pedro Medina lloró delante de miles de personas

Medina se retiró como un grande después de conectar 221 bambinazos e impulsar 869 carreras durante 17 campañas

Medina se retiró como un grande después de conectar 221 bambinazos e impulsar 869 carreras durante 17 campañas

Por Boris Luis Cabrera

Era la noche del 12 de mayo de 1988 cuando Pedro Medina estaba jugando el último partido de su vida. Un estadio Latinoamericano congestionado había sufrido en silencio durante nueve capítulos ante un picheo azucarero que tenía amarrado en un puño a su equipo capitalino.

Un seis por cero en la pizarra lumínica a esas alturas había enterrado las aspiraciones de los anfitriones de ganar el campeonato, a pesar de la poderosa toletería con que contaban.

La voz del legendario Tony Veiga retumbó en los graderíos anunciando la llegada del cuarto bate a la caja de bateo: ¡Número treinta y uuuno, Peedro Medinaa, bateador designadoooo!

Nadie se inmutó, solo unos pocos quizás se dieron cuenta que este podía ser la última oportunidad de ver a esta leyenda consumiendo un turno al bate en Series Nacionales y Selectivas. Algunos aplausos dispersos salieron de la multitud, ahogada en su decepción al ver como la esperada corona se le había hecho humo en menos de tres horas de juego.

Medina suspiró profundo, hizo un par de sus clásicas cuclillas, un swing al aire y caminó con paso lento hacia el rectángulo con una mirada indescifrable puesta en la figura de Roberto Almarales, quien se mantenía en la lomita contraria. 

El inquieto Víctor Mesa alzando los brazos se desprendió a toda carrera por el medio del diamante desde la pradera central hasta la caja de bateo en medio de un estupor generalizado, para abrazarlo con fuerza y fue en ese momento cuando todos los presentes comprendieron la magnitud del momento.

Jamás vi una ovación tan cerrada y sincera, tan larga y apasionada. Ambos equipos vaciaron las bancas para abrazar al hombre que casi siete años antes se había convertido en héroe al disparar un cuadrangular antológico para empatar el juego contra Estados Unidos en la final de la Copa Intercontinental de Edmonton, Canadá.

Pedro Medina, “El médico” como lo llamaban muchos de sus compañeros, se retiraba como un grande después de conectar 221 bambinazos e impulsar 869 carreras durante 17 campañas, terminando como segundo en ambos departamentos en esa temporada que expiraba con un average además de 350 puntos.

Visiblemente emocionado y tembloroso, Medina regresó al cajón de bateo cuando llegó la calma y la fanaticada, renuente y perseverante, hizo un silencio solemne después de agotar todas sus fuerzas en los prolongados aplausos.  

Almarales de frente en el box le lanzó una recta mansa al centro del home-plate cargada de respeto y admiración para que el gran receptor le desapareciera la esférica por el jardín central como tantas veces había hecho en su carrera deportiva. Pero ya el súper hombre no estaba, ese extra clase que tantas veces decidió partidos y lo entregó todo por su camiseta en un terreno de béisbol, ya se había ido a otra dimensión, se había diseminado por los graderíos y se había hecho inmortal en la mente de los aficionados.

Ahora era apenas un ser humano cualquiera, un tipo común y corriente metido en un traje con las letras de Ciudad Habana en el pecho, lleno de vergüenza deportiva y de sentimientos raros que estallaban en una reacción en cadena por todo su cuerpo.

Una rolata inofensiva al campo corto salió del aluminio que sostenía en sus manos. No corrió, no podía. Rompió a llorar delante de todos como un niño pequeño y los aficionados, también con lágrimas en los ojos, comenzaron a aplaudir otra vez sin importarles ni por un instante que habían perdido el campeonato.

Pedro Medina-Beisbol de Siempre

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9 Comments

  1. Que recuerdo Boris!!, inolvidable aunque el jonrón de Edmonton es otro gran acontecimiento en la carrera de Medina. Gracias Boris por tu reseña.

  2. Medina un grande de nuestra pelota sin dudas,apelando a la memoria me acuerdo muy someramente de este hecho pero si sabia el resultado,lo mas lamentable para mi con el «mitico» 31 fue su etapa de director,despues de un titulo muy luchado en el 1996,y regresar la temporada siguiente con un equipo que sufrio una nueva oleada de migracion y pelear hasta donde pudo,no se volvio a tener en cuenta para dirigir,incluso en estos tiempos que la direccion del equipo ha tenido sus desvarios,todo un misterio,aunque no tengo claro si ha sido una decision personal.Gracias a Medina por toda aquella buena pelota que nos regalo,como se extranan aquellos tiempos.

  3. Yo no recuerdo eso de Víctor Mesa,pero sí recuerdo que Lázaro Vargas salió del banco y se le subió encima para abrazarlo como un niño chiquito. E inolvidable también la ovación del público.

  4. Pedro medina ayon El hombre de Edmonton,grande entre los grandes ,mi amigo en lo especial q gran ovacion aquella en el latino y les aseguro q junto a el lloramos miles de seguidores del numero 31 de la capital y de cuba un fuerte abrazo para el

  5. Amigo, Medina no ha querido dirigir más. El quedó muy dolido con aquella sustitución. Es lo que me confesó en una entrevista. Saludos

  6. Waoooooo..!!! aquella noche fue histórica, yo estaba en el estadio y fui testigo de aquel momento. Es una imagen q nunca olvido pq Medina fue uno de mis grandes ídolos.
    Sinceramente no recuerdo el pasaje de Victor Mesa.
    Muy contrario a lo q dices, muchos estábamos al pendiente de ese turno al bat.
    Recuerdo a Medina hacer unos swings al aire, pararse en el cajón de bateo y automática y paulatinamente el publico comenzó a pararse y apluadir….. luego Medina se sale del cajón de bateo y El Latinoamericano se vino abajo, literalmemte.
    Nunca he visto aplaudir por tanto tiempo a un pelotero. Eso ya se ha perdido
    En aquel entonces todavía vivía Armandito El Tintorero, ¿tú o alguien cree q a él se olvidaría ese turno al bat?
    Perdón pero el mérito no recuerdo sea de Victor, han pasado muchos años, pero al menos así lo recuerdo.
    Incluso hasta el difunto Tony Vega lo anunció por el altavoz con un impetu indescriptible, a pesar de que en ese último juego perdíamos el campeonato, algo extraordinario estaba sucediendo en ese momento y hasta en la voz del locutor se podia sentir.
    Sin lugar a dudas uno de pasajes mas hermosos q he vivido en mi beisbol.
    Ese juego debia abrirlo Rene Arocha, pero otro absurda decisión del director Reyes dio al traste con la victoria cuando sorprendiendo a todos puso a abrir el partido a Euclides Rojas que era el cerrador. Si mal no recuerdo Euclides no sacó ni un solo out, le hicieron 5 carreras en el mismo primer inning, y ya cuando trajeron a Arocha a relevar ya el daño estaba hecho. Sicologicamente el equipo no se recuperó y Almarales lanzó el juego de su vida.
    Saluditos y gracias por revivir este gran momento de la historia de uno de los mejores receptores de todos los tiempos.
    El Gran 31 👍👍👍👍👍

  7. Yo estaba esa noche mágica en el Latino, asi q fui parte de aquella historia y también fui otro de los miles que lloró junto a Medina.
    Pero sinceramente no recuerdo el protagonismo de Victor Mesa en esta historia
    sobre todo teniendo q era muy difícil q a Armandito El Tintorero pasara por alto aquello.
    Al menos no lo recuerdo.
    Y repito, yo estaba esa noche allí

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