HISTORIA: El ciclón que llevó a la muerte a un símbolo del béisbol cubano

El ciclón no creyó en la trascendencia ni belleza del lugar y arrasó con casi todo su espacioso graderío construido a base de hierro, concreto y madera, además de las serias afectaciones a los muros y cercas.

El ciclón no creyó en la trascendencia ni belleza del lugar y arrasó con casi todo su espacioso graderío construido a base de hierro, concreto y madera, además de las serias afectaciones a los muros y cercas.
El ciclón no creyó en la trascendencia ni belleza del lugar y arrasó con casi todo su espacioso graderío construido a base de hierro, concreto y madera, además de las serias afectaciones a los muros y cercas.

Por Yasel Porto 

   La Tormenta Tropical “Laura” ha sido el último evento meteorológico en sumarse a la lista de los que han afectado al deporte cubano luego de causar daños a parte de la estructura de los estadios de Maisí y Artemisa. Pero son muchos los ejemplos en tal sentido a lo largo del tiempo, entre los que sobresale aquel que además de ser el primero con un impacto grande, también aparece como uno de los más negativos dentro del béisbol de la Isla.

   Conocido popularmente como “el Ciclón del 26”, este huracán provocó daños significativos en casi todos los aspectos socio-económicos de la capital cubana. Este famoso evento meteorológico afectó considerablemente el occidente de la mayor ínsula caribeña el 20 de octubre de 1926, al extremo de causar más de 600 muertos y el derrumbe parcial o total de innumerables edificaciones en su recorrido entre Playa Majana (sur de Artemisa) y el litoral este de la actual provincia La Habana. Sus vientos se estimaron entre 220 y 230 km por hora, con rachas muy superiores a esos valores, además de una presión de 951 hecto pascal. 

El ciclón golpea al deporte 

   Entre los cientos de inmuebles que se vinieron abajo por este terrible huracán estuvo el principal estadio no solo de pelota y de la capital, sino el más importante en materia de deporte y a nivel nacional. 

   Construido hacía menos de una década (1917) el Almendares Park II era una majestuosa instalación ubicada en lo que es hoy la Terminal de Ómnibus Interprovinciales (Rancho Boyeros y 19 de Mayo), a la que asistía el mayor por ciento de los habaneros de todo tipo de clases con el objetivo de disfrutar a disímiles eventos socio-deportivos. No solo allí se efectuaban los juegos de béisbol más importantes desde 1918, sino que también era la gran plaza del ascendente fútbol y allí se practicaban otras actividades recreativas de menor preponderancia. 

   Pero, el ciclón no creyó en la trascendencia ni belleza del lugar y arrasó con casi todo su espacioso graderío construido a base de hierro, concreto y madera, además de las serias afectaciones a los muros y cercas. El terreno quedó inundado junto a la presencia de escombros, tablas y vigas a lo largo de todo el sitio, y con el derrumbe parcial y hasta total de la mayoría de las locales (oficinas, salones, etc.) se perdieron documentos y objetos deportivos históricos de mucho valor. 

   La gente no podía creer lo que había pasado con el nuevo Almendares Park. Fue uno de los centros socio-culturales más golpeados por los vientos del que se había convertido posiblemente en el huracán más devastador en la historia de Cuba hasta ese 1926. 

   La temporada invernal 1926-27 tuvo que congelarse por un tiempo no solo por la situación de su estadio, sino por la amplia afectación popular que había dejado este evento climatológico. Incluso hubo decenas de jugadores que perdieron sus casas y otros hasta lamentaron la pérdida de familiares. Con un calendario más reducido ya para el 3 de enero había finalizado la lid con el triunfo del Almendares. 

   No obstante, el 28 de octubre comenzó en el estadio de la Universidad de La Habana un torneo especial llamado “Triangular” con la presencia de los clubes Marianao, Alacranes y Leones. El mismo tuvo el liderazgo de los big leaguers cubanos Adolfo Luque y Miguel Ángel González, quienes se habían separado temporalmente de la liga oficial por desavenencias salariales con el magnate Abel Linares.  

   Días después de la destrucción del Almendares Park comenzó un proceso de recuperación en el que desgraciadamente los recursos existentes no alcanzaban para devolverle a este sitio el esplendor que hasta cautivó a jugadores norteamericanos que participaron en juegos de exhibición u oficiales.  

   Solo se pudo construir una sección de graderías cuando antes había dos en varias zonas del parque, lo que unido a que en algunas partes se dejó el espacio sin levantar nada trajo como consecuencia la reducción a la mitad del aforo original. 

Las tormentas que siguieron al ciclón 

   Aunque es poco probable que en medio del proceso recuperativo alguien imaginara que el “Ciclón del 26” había sido el principio del fin para este lugar, el tiempo fue testigo de esa realidad. Iniciada la década del treinta ya había quedado casi en el olvido el estadio donde jugó Babe Ruth, en el que debutaron como profesionales Martín Dihigo y Adolfo Luque, y que fue testigo de hazañas de otras leyendas como Cristóbal Torriente o José Méndez. 

   Después de 1926 se produjo un incendio de mediana magnitud, mientras que la edificación del estadio “Cervecería Tropical” para los Juegos Centroamericanos de 1930 vino a rematar lo iniciado años antes por el ciclón y el fuego. El Almendares Park solo ganaba en ser más céntrico y en la historia que albergaba. Pero la gente que regía los destinos del béisbol profesional cubano no pensaba tantos en los recuerdos de década y media de existencia, y sí en el hecho de que Marianao era una ciudad en pleno ascenso, además de que ya para ese entonces se había incrementado el acceso entre los dos lados del río Almendares, mientras la capacidad del nuevo parque y las facilidades que ofrecía al público (cerveza incluida) se combinaron a lo anterior para crear una tormenta más destructora para el estadio del entonces municipio Cerro.  

   En contra de éste último también cabe señalar que sus dimensiones abismales por los jardines (aproximadamente 500 pies) convertiría al jonrón de cercas en un batazo casi inexistente y ya se vivía una época donde Babe Ruth había contribuido a que este tipo de conexión fuera tan popular como necesaria. 

   Desde 1930 la Liga Profesional se jugó la mayor parte del tiempo en el oeste de La Habana al igual que el principal torneo balompédico, mientras otros estadios como el Universitario, el Vedado Tennis Club y el Galbán Lobo (Regla) fueron ganando en protagonismo. El Almendares Park fue perdiendo cada vez más su utilidad hasta que se convirtió en un terreno invadido por hierbas y todo tipo de animales de pastoreo, y en la década del 50 el gobierno de la capital tomó la decisión de aprovechar sus dimensiones para construir la todavía existente Terminal Interprovincial. 

   Con el tiempo se erigió una placa de bronce donde se reconocía su importancia deportiva en el pasado, pero actualmente se desconoce el paradero de este monumento situado en la pared que da a la calle Pozos Dulces.  

   Después del “Ciclón del 26” ha habido decenas de eventos atmosféricos que han atacado con fuerza al béisbol cubano, especialmente sus instalaciones deportivas.  La mayoría de los estadios actuales han sufrido afectaciones alguna que otra vez, y todavía hoy no se han podido reponer las torres del Cristóbal Labra que hace ya casi una década fueron destrozadas por un huracán. 

   Y es un riesgo que se mantendrá latente por desgracia, especialmente aquellos sitios con techo y torres carentes de concreto. Por suerte no son muchos los estadios de cabecera principal con esa problemática aunque en realidad nunca será suficiente ante la fuerza de la naturaleza.

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