Samuráis en La Habana: La histórica visita de los Yomiuri Giants a Cuba (1955)

Carlos David Rojas

Entre el 4 y el 6 de marzo, el Stadium del Cerro se convirtió en la sede para ver al equipo profesional de Japón.

Portada Los Samurais en La Habana

El vínculo entre el béisbol de Cuba y Japón nació mucho antes de lo que suele relatarse, pero su origen quedó arrinconado en los márgenes de la memoria. En marzo de 1955, La Habana fue escenario de un acontecimiento sin precedentes: el desembarco de los Yomiuri Giants, el club más representativo de la Liga Central nipona, en lo que constituyó la primera visita de un equipo profesional del Sol Naciente a la Isla.

Aquella serie no fue un episodio casual, sino la escala decisiva de la gira latinoamericana emprendida por los Yomiuri Giants con motivo de su vigésimo aniversario, un periplo impulsado por la visión del industrial mexicano Alejo Peralta que había recorrido Panamá, Colombia y la República Dominicana antes de alcanzar en Cuba su parada de mayor exigencia.

Pese al desgaste acumulado, la delegación japonesa llegó a La Habana consciente de que la Isla, potencia indiscutida del béisbol caribeño y depositaria de la tradición profesional más antigua de la región, representaba la verdadera prueba de fuego. Entre el 4 y el 6 de marzo, el Stadium del Cerro se convirtió así en un espacio privilegiado de observación técnica: ante un público de criterio legendario, los Cuban Sugar Kings, equipo designado para el tope y filial de los Rojos de Cincinnati, alinearon una nómina íntegramente cubana para medir a los asiáticos.

La construcción de un linaje: de Tokio al Caribe

El linaje de los visitantes imponía respeto. Fundados en 1934 y pilares de la Liga Profesional Japonesa desde 1950, los Giants operaban bajo un modelo de disciplina estricta: calendarios de 130 partidos y una base social que superaba los dos millones de aficionados. Bajo la supervisión de su propietario, Fumitaro Watanabe, y del gerente Cappy Harada, la delegación de 21 jugadores desmontó los prejuicios físicos de la época. Se trataba de un equipo eminentemente bateador, como lo confirmaban los promedios ofensivos registrados en la temporada de 1954, donde sobresalieron el gran Wally Yonamine (.382), Shudo Iwashita (.347) y el prometedor Minoru Kakurai (.326).

Jugadores de Yomiuri Giants

La jornada inaugural con y el gesto solidario

El viernes 4 de marzo, la serie se inauguró con un acto de profundo contenido humano. El Padre Iñaurrieta, director de la institución para la atención de niños desamparados «Mi Casa» (Ciudad de los Niños San Antonio), acompañado por uno de sus pupilos, entregó al mánager de los Giants el gallardete oficial de la fundación. Este gesto precedió al compromiso social de la serie: la donación íntegra de la recaudación del primer encuentro a dicha obra benéfica.

En el diamante, el derecho Raúl Sánchez asumió el protagonismo por Cuba, completando los nueve episodios con doce ponches para acreditarse la victoria 4-1. En el encuentro, el novato inicialista Friol conectó un largo batazo para empatar el juego en su momento.

Box Score del Juego de Jugadores de Yomiuri Giants en Cuba

La obra maestra de Takumi Ohtomo

El sábado 5 de marzo, el guion dio un giro significativo. El diestro Takumi Ohtomo, célebre por haber dominado previamente a los New York Giants en Tokio, firmó una actuación que la prensa calificó como “la joya del espectáculo”. Con absoluto control, completó la ruta permitiendo apenas tres imparables y recetando doce ponches, incluidos seis consecutivos entre la tercera y la cuarta entradas.

La victoria japonesa por 4-0 igualó la serie y consolidó el respeto definitivo del público hacia la precisión del béisbol nipón. Los Giants demostraron que su juego, basado en una agresiva estrategia de bases y un pitcheo milimétrico, era capaz de silenciar el rugido del Cerro.

El desenlace y la memoria compartida

El domingo 6 de marzo, la serie se resolvió ante un estadio colmado y una atmósfera festiva, animada por la banda de la American Legion de Miami. Desde el montículo, el veterano Julio “Jiquí” Moreno controló con solvencia la ofensiva visitante, mientras el ataque cubano aseguraba el desenlace con un contundente 11-1, sellando la serie dos juegos a uno.

Sin embargo, el episodio más perdurable no quedó reflejado en la pizarra. Cuando el receptor japonés Fujio cayó lesionado, un silencio absoluto recorrió el estadio antes de convertirse en un aplauso unánime. El jugador abandonó el terreno sostenido por compañeros y rivales, en una escena que condensó la fraternidad deportiva de aquellos días.

Reseña del juego del Yomiuri Giants en Cuba

Balance de la gira

Esa misma noche, sin margen para balances, los Giants partieron rumbo a México, donde el cansancio acumulado tras enfrentar a estrellas del Caribe y lidiar con climas extremos comenzaría a hacerse notar. Aunque el registro final de su gira se cerró con ocho victorias en veintiséis encuentros, las cifras resultan insuficientes para calibrar su alcance.

Como sintetizó la revista Bohemia en su edición del 13 de marzo de 1955, los visitantes dejaron una «grata impresión» que trascendió los resultados. Aquella incursión ofreció al béisbol cubano algo más que una serie internacional: permitió observar el surgimiento de una potencia que comenzaba a construir, con método y ambición, su propio destino profesional.

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