Andruw Jones: ¿Inmortal MLB o Espejismo Defensivo?

Daniel De Malas Andreu

MLB

Todo indica que Andruw Jones logró hipnotizar a un sector de los votantes de la BBWAA.

Todo indica que Andruw Jones logró hipnotizar a un sector de los votantes de la BBWAA.

El debate sobre el Salón de la Fama suele estar lleno de romanticismo, pero cuando se filtran los sentimientos a través del colador de las estadísticas, muchas candidaturas comienzan a agrietarse. El caso de Andruw Jones es, quizás, uno de los más divisivos en la actualidad. Con el 78.4% de los votos recientemente obtenidos, parece que su entrada a Cooperstown es inminente. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Estamos premiando una carrera de leyenda o nos hemos dejado hipnotizar por una década de excelencia defensiva que no tuvo el respaldo ofensivo necesario?

El mito de los 10 Guantes de Oro

Es innegable que Jones fue un «mago» en el jardín central. Sus 10 Guantes de Oro lo sitúan en un club extremadamente exclusivo. En la historia de las Grandes Ligas, solo cinco jardineros han logrado combinar al menos una decena de estos galardones con 200 o más cuadrangulares. Los nombres que acompañan a Jones en esa lista son pilares del juego: Roberto Clemente, Ken Griffey Jr., Al Kaline y Willie Mays.

El problema surge cuando comparamos a Jones con estos colosos. Al analizar las métricas acumuladas, el curazoleño ocupa el último lugar en prácticamente todas las categorías relevantes de este grupo: carreras anotadas, hits, dobles, triples, impulsadas, promedio de bateo (AVE), OBP, OPS, OPS+ y WAR.

Más preocupante aún es su capacidad de influir en las victorias de su equipo a través del bate. Jones registra apenas una cuarta parte del Win Probability Added (WPA) y la mitad del Offensive WAR (oWAR) en comparación con su competidor más cercano en este grupo de élite. Básicamente, mientras Clemente o Mays eran fuerzas de la naturaleza en ambos lados del terreno, el impacto ofensivo de Jones se desvaneció prematuramente.

La inconsistencia como bandera

Uno de los pilares de un «Hall of Famer» es la longevidad productiva. Andruw Jones jugó 17 temporadas, pero su declive no fue gradual, sino un desplome. En cinco de esas campañas, jugó menos de 95 partidos. Su disciplina en el plato también dejó mucho que desear, registrando la peor relación de turnos al bate por ponche (AB/SO) entre los jardineros con 10 Guantes de Oro.

Si los 10 galardones defensivos fueran una llave automática a Cooperstown, ¿Por qué otros jugadores con currículos similares siguen esperando? Tomemos los casos de Keith Hernandez (1B) y Omar Vizquel (SS). Ambos están retirados, ambos tienen 10 o más Guantes de Oro y ambos superan a Jones en hits, dobles, triples, boletos, promedio de bateo y tasa de ponches. Hernandez, además, presume de un mejor OBP y OPS+, mientras que Vizquel lo supera ampliamente en carreras y bases robadas. Si ellos no han cruzado el umbral, ¿Por qué Jones sí parece tener el camino despejado?

La paradoja de Torii Hunter

La comparación más punzante, sin embargo, ocurre en la boleta actual. Torii Hunter acumuló nueve Guantes de Oro —apenas uno menos que Jones— y fue un patrullero central de élite durante años. Sin embargo, mientras Jones roza la inmortalidad con casi un 80% de apoyo, Hunter languidece cerca del 8.7%, luchando por no desaparecer de la papeleta.

¿Existe realmente una brecha de talento y méritos tan abismal entre Jones y Hunter para justificar semejante disparidad en la votación? La respuesta parece ser negativa. Todo indica que Jones logró hipnotizar a un sector de los votantes de la BBWAA, quienes han decidido ignorar las lagunas en su hoja de servicios —sus 434 jonrones no logran ocultar un promedio de por vida de .254 y una segunda mitad de carrera mediocre— en favor de la narrativa del «mejor jardinero defensivo de su generación».

En conclusión, 10 Guantes de Oro y 400 cuadrangulares suenan a una combinación ganadora, pero en el caso de Andruw Jones, los números finos cuentan una historia de inconsistencia. Cooperstown debería ser para aquellos que dominaron el juego de principio a fin, no para quienes deslumbraron un tiempo y luego se apagaron, dejando más dudas que certezas en el diamante.

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