No es afirmación festinada ni frase demagógica o arranque patriotero: el legendario cubano Martín Dihigo representa el eslabón perdido entre los jugadores de dos vías emblemáticos de MLB, Babe Ruth y Shohei Ohtani.
Lo que ocurre es que el oriundo del poblado matancero de Limonar nunca pudo lanzar una pelota ni hacer un swing en Grandes Ligas porque los peloteros negr*s estaban vetados en ese escenario, e irónicamente su carrera deportiva terminó el mismo año (1947) que se derrumbó la barrera racial.
Martín Dihigo, la máquina de jugar al beisbol
Pero los que saben de beisbol no olvidan. Tanta fue la majestuosidad de Martín Dihigo en los terrenos, que es el único hombre con placa en los Salones de la Fama de Cuba, México, Venezuela y Estados Unidos. Fallecido un día como hoy de 1971 en Cruces, Cienfuegos, sus destrezas y personalidad lo encumbraron a tales niveles que sus compatriotas lo apodaron “El Inmortal” y sus no-compatriotas le decían “El Maestro”.
Eso, porque podía hacerlo todo bien en el terreno. Un integrante del templo de Cooperstown, Johnny Mize, llegó a decir que Martín Dihigo era “el único jugador que podía jugar las nueve posiciones, dirigir, correr y batear a las dos manos”. En efecto, la versatilidad era su sello. Desde el box brilló en las exigentes Ligas Negr*s; propinó juegos sin hit ni carrera en México, Venezuela y Puerto Rico; tuvo una marca de 93-48 durante sus últimas 12 temporadas en Cuba.
Mientras, con el madero también fue devastador. En la base de datos de las Ligas Negr*s le acreditan average sobre .300 y slugging por encima de .500. Se cuenta que en un estadio rural cubano venció la cerca del center field y también una veleta en lo alto de una casa situada a prudencial distancia. Por su parte, en el Greenlee Field de Pittsburgh sonó un estacazo que voló más de 150 metros antes de aterrizar en el tejado de un hospital contiguo.
Martín Dihigo: jugador, manager, árbitro, comentarista
En Martín Dihigo, por capricho de la naturaleza, convergieron todas las virtudes para jugar al beisbol. Quienes le vieron mencionaban las rectas veloces, el brazo poderoso, la habilidad y fuerza con el bate, incluso la elegancia para jugar las diferentes posiciones. Para muestra de sus infinitas herramientas, un botón: en 1938, en México, lanzó para 0.92 en 167 entradas y además ganó el título de bateo con .387.
Hombre orquesta, se impuso como jugador o manager en Cuba (1936, 1937) y México (1942), dirigió al equipo venezolano en la Serie del Caribe de 1953, incursionó brevemente como árbitro y hasta probó a ser locutor y comentarista radial de los partidos de la Liga Cubana.
Este martes 20 de mayo, en el 55 aniversario de su fallecimiento, no hay de otra que evocarlo a través de la vibrante expresión de Monte Irvin: “Martín Dihigo fue el mejor pelotero de todos los tiempos, blanco o negr*”.
¿Quién fue Martín Dihigo?
Martín Magdaleno Dihigo Llanos, nació el 25 de mayo de 1906 en los terrenos de la plantación azucarera Jesús María, ubicada en Limonar, provincia de Matanzas.
Desarrolló una esplendorosa carrera en los diamantes que generó un criterio generalizado acerca de su condición de superdotado y al fallecer con 65 años numerosos expertos refirieron que había partido de este plano el jugador más integral de todos los tiempos.
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