La pelota cubana vuelve a ofrecer una novedad que, lejos de generar entusiasmo, abre más preguntas que respuestas. Juan Reynaldo Pérez, presidente de la Federación Cubana de Béisbol, anunció este 19 de agosto que a partir de la 66 Serie Nacional serán las propias provincias las encargadas de confeccionar los uniformes de sus equipos. El periodista Guillermo Rodríguez Hidalgo compartió en su perfil personal en la red social Facebook las declaraciones del funcionario.
La medida es inédita. Y precisamente por eso merece ser analizada más allá del dictamen oficial y de cualquier intento de presentarla como una simple variante organizativa. Porque hay una pregunta inevitable: ¿se trata de una solución ante las dificultades existentes o de una manera de trasladar el problema y los gastos hacia las provincias?
Una directriz que busca colocar los gastos en otra dirección
Durante décadas, la confección de los trajes de la Serie Nacional ha formado parte de una estructura centralizada. Ahora, ante las conocidas limitaciones económicas y materiales que atraviesa el beisbol cubano, cada territorio tendrá que buscar sus propias alternativas para vestir a su equipo.
Las provincias cubanas no parten de las mismas condiciones económicas ni tienen las mismas posibilidades para conseguir materiales, contratar servicios o asumir determinados costos. Algunas podrán encontrar mejores alternativas; otras tendrán muchas más dificultades. El resultado puede ser una Serie Nacional en la que los uniformes de los equipos reflejen, de manera bastante visible, las desigualdades existentes entre territorios.
Sobre el papel puede parecer una fórmula práctica. En la realidad, puede convertirse en otra muestra de cómo las carencias terminan siendo distribuidas hacia abajo. Si no existen suficientes recursos para garantizar desde una instancia nacional los uniformes de los equipos, la solución encontrada parece ser que cada provincia se las arregle como pueda. Es decir, el gasto no desaparece: simplemente cambia de responsable.
También queda una interrogante fundamental: ¿qué calidad tendrán esos trajes? Porque anunciar que cada zona confeccionará sus uniformes es una cosa. Garantizar que esos aditamentos tengan una calidad mínima, una estética adecuada, durabilidad y condiciones similares para todos los conjuntos es otra muy diferente.
¿Existirá una normativa nacional sobre materiales, diseño, tallaje y confección? ¿Habrá controles de calidad? ¿Qué ocurrirá si una provincia no consigue los recursos para producirlo? Son preguntas que deberían tener respuestas antes de convertir esta fórmula en una realidad.
Cuando la crisis toma el mando
Cuesta no interpretar esta decisión como una consecuencia directa de las limitaciones económicas que enfrenta el beisbol nacional. Cuando una institución deja de asumir un gasto que antes correspondía a una estructura central y lo coloca sobre los hombros de las provincias, difícilmente pueda hablarse de ahorro sin explicar quién termina pagando la cuenta.
La medida puede ser presentada como una oportunidad para que las provincias tengan mayor protagonismo y desarrollen iniciativas propias. Pero también puede ser entendida como una forma elegante de decir que la Federación no tiene capacidad, o recursos, para asumir la confección de los uniformes y que, por tanto, cada territorio deberá resolver el asunto por su cuenta.
La 66 Serie Nacional servirá para comprobarlo. Allí estarán los uniformes, visibles para todos. Se podrá comparar la calidad de los tejidos, los diseños, los acabados y la durabilidad. Y entonces se sabrá si estamos ante una verdadera transformación organizativa o ante otro parche impuesto por las circunstancias.
Porque en el béisbol cubano ya sobran los experimentos que nacen de la necesidad y terminan normalizándose como soluciones. Ahora habrá que ver si los nuevos trajes son capaces, al menos, de esconder las costuras de un sistema que cada vez tiene menos recursos para sostener su principal competencia.
Que las provincias confeccionen los uniformes puede ser inédito. Que la calidad termine dependiendo de cuánto pueda conseguir cada una, sería simplemente otra expresión de las dificultades que atraviesa la pelota cubana.