Cada vez que se anuncia un equipo Cuba de beisbol, la discusión se repite. Cambian los nombres, los torneos y los rivales, pero la pregunta sigue siendo la misma: si un veterano batea más y produce mejores resultados que un jugador joven, ¿debe quedarse fuera únicamente por su edad?. La Comisión Nacional del deporte se apega a tal idea e invisibiliza a algunas luminarias solo por este aspecto.
En el beisbol cubano, esta discusión adquirió un peso especial en los últimos años. La directiva de la disciplina ha insistido en la necesidad de impulsar un relevo generacional sin ton ni son, en una decisión repleta de polémica. El problema aparece cuando esa renovación entra en conflicto con el rendimiento deportivo.
¿El talento tiene fecha de caducidad?
El único criterio verdaderamente justo debería ser el desempeño dentro del terreno. Si un candidato de 38 o 40 años mantiene mejores números ofensivos que otro varios lustros más joven, merece vestir el uniforme del elenco absoluto, independientemente de la fecha que aparezca en su documento de identidad.
La pregunta correcta es si los criterios de selección son claros, transparentes y coherentes para todos. Cuando los aficionados desconocen por qué un jugador queda fuera mientras otro ocupa su lugar, la controversia resulta inevitable. Las dudas aumentan cuando las estadísticas parece no ser el principal argumento o cuando las explicaciones oficiales llegan tarde o son insuficientes. Porque el uniforme del equipo Cuba no debería entregarse por juventud. Debería ganarse con el bate en las manos. Así de simple.
El pasado es testigo de hechos de esta índole una y otra vez. Como es un fenómeno cíclico, recientemente la rutina se repitió en el listado del equipo Cuba que se conformó para participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026. La ausencia de los nombres de Frederich Cepeda (46 años), Yordanis Samón (44 años) y Dennys Laza (41 años) fue el caldo de cultivo, ya que este trío bateó a sus anchas en la IV Liga Élite del beisbol cubano. No obstante, la marginación fue la norma.
A continuación les mostramos las actuaciones individuales que plasmaron los longevos jugadores en dicho evento, como muestra palpable del potencial que aún son capaces de desplegar desde el cajón de bateo.
Frederich Cepeda: .386 de average, 10 jonrones y 36 carreras impulsadas.
Yordanis Samón: .371 de promedio ofensivo, cinco bambinazos y 31 remolques.
Dennys Laza: .323 de average, cinco cuadrangulares y 30 empujadas.
Por decreto del oficialismo, los atletas mencionados no fueron tenidos en cuenta. Para los decisores, importó más la edad de los involucrados que sus aportes en el torneo. Este paso fue muy cuestionado y sirvió como diana a múltiples críticas.
Cepeda, Samón y Laza son los últimos eslabones en una cadena que ya parece vergonzosa. Es increíble (para no usar una palabra más áspera) que los méritos valgan menos que los números de meses vencidos en la existencia. El mundo se dirige a un sitio y Cuba a otro. Desgraciadamente, el rumbo se extravió hace mucho tiempo.
¿Cuál es la opinión de Germán Mesa?
El manager del combinado que participará en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 fue claro en declaraciones que ofreció al periodista Pavel Otero. Aunque el estratega comenzó su intervención con una aparente muestra de respeto a los atletas en cuestión, expresó una idea que resumió su parecer.
"En la vida todo termina, pero hay personas a las que les cuesta trabajo darse cuenta que ya terminaron", dijo.
Línea de pensamiento arcaica y repleta de errores
En el beisbol moderno existen numerosos ejemplos de peloteros que prolongan carreras exitosas hasta edades avanzadas gracias a una mejor preparación física y al cuidado de su condición atlética. La edad, por sí sola, ha dejado de ser un indicador definitivo.
Al final, el traje del equipo Cuba debería pertenecer a quienes demuestren estar en mejores condiciones para competir, combinando sabermetría, estado físico, compromiso y utilidad para el colectivo. La edad puede ser un elemento dentro de la evaluación, pero difícilmente debería convertirse en el criterio que decida, por sí solo, quién representa al país en competiciones. Porque en el beisbol, como tantas veces ha demostrado la historia, los turnos al bate no los gana el calendario, sino el rendimiento.
Resumen: La renovación obligatoria parece ser una orden institucional y esta directriz margina a peloteros solo por su edad, aún cuando estos consigan estadísticas notables.
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