El beisbol cubano está de luto tras conocerse el fallecimiento de Héctor Olivera González, un hombre que dejó su huella en los terrenos nacionales con su bateo, sobretodo en la Serie Selectiva de 1980, donde dejó un promedio al bate histórico de .459 y que dedicó buena parte de su vida al desarrollo de este deporte, donde peloteros como Yasiel Puig fueron formados por él. Nacido en Cruces, provincia de Cienfuegos, Olivera formó parte de una generación de peloteros que encontró en el deporte una manera de representar a su territorio y de abrirse camino dentro de la pelota de la isla.
La lamentable noticia fue confirmada por la cuenta del INDER en la red social de Facebook. A la edad de 72 años, dicha personalidad dejó el plano terrenal a pocos días de su próximo onomástico, previsto a efectuarse el 30 de octubre.
Logros alcanzados
La trayectoria deportiva de Héctor Olivera González tuvo varios momentos de esplendor y en el año 1970 ocurrió uno de ellos en el marco del Campeonato Mundial Juvenil de Maracaibo, Venezuela. En aquella competición, el personaje en cuestión protagonizó una actuación extraordinaria frente a Honduras y lanzó un juego perfecto, retirando consecutivamente a los 27 bateadores rivales y ponchando a 18.
Olivera llegó al máximo nivel del beisbol cubano durante la década de 1970, cuando integró las filas de Azucareros, elenco en el que se mantuvo hasta 1975. Posteriormente, pasó a representar a Cienfuegos, provincia en la que continuó su carrera en los torneos nacionales hasta 1984. También defendió los colores de Las Villas en las Series Selectivas, lides que reunieron a buena parte de los mejores jugadores del país.
Una de las mayores hazañas estadísticas de Héctor Olivera González ocurrió en la VI Serie Selectiva de 1980. De acuerdo con la investigación de nuestro departamento estadístico en Swing Completo, tras revisar los registros de todas las ediciones del torneo, ningún bateador consiguió superar el promedio de .459 que estableció el cienfueguero. En aquella competición, Olivera conectó 67 imparables en 146 turnos oficiales, una marca que lo mantiene como el dueño del mejor promedio de bateo en la historia de estas lides (registros históricos de la VI Serie Selectiva de 1980).
El atleta jugó 13 series nacionales, en las que promedió .316 de average, con 138 dobles, 14 triples y 80 jonrones.
Las habilidades del recientemente fallecido también le permitieron integrar la selección nacional en justas internacionales. En el Campeonato Mundial de 1980, celebrado en Japón, bateó para .346, mientras que en la Copa Intercontinental de 1981 consiguió un promedio de .306.
No debemos olvidar que nuestro eje central de la nota fue el padre de Héctor Olivera Amaro, otra beisbolista de condiciones excepcionales, pero que tronchó su faena profesional entre altibajos.
Nota: Todos los datos y estadísticas extraídos desde su perfil en el portal web de Ecured
Agradecimiento de Yasiel Puig
Después de su etapa como jugador, Olivera continuó ligado al deporte desde la formación de jóvenes talentos. En Cruces desarrolló labores como instructor, transmitiendo sus conocimientos y experiencias a niños que comenzaban a recorrer el camino del beisbol.
Ese nexo con las nuevas generaciones representa otra dimensión de su legado y justamente en esa labor fue quien le dio instrucciones de bateo a Yasiel Puig, quien poco después hizo estragos con el pitcheo en la Serie Nacional y en MLB.
"Caballo Loco" recordó cuánto le debe a su antiguo preparador en declaraciones que ofreció en el pasado, como una muestra de profundo agradecimiento.
"Su padre (de Héctor Olivera Amaro) era mi entrenador de bateo. Él fue una tremenda influencia para mí”, dijo Yasiel Puig al medio de comunicación Los Angeles Times.
Con la pérdida física de Héctor Olivera González, el beisbol cubano pierde a un protagonista indiscutible, un pelotero que conoció desde dentro las exigencias de la alta competición y que posteriormente contribuyó a preparar a quienes aspiraban a seguir sus pasos.
El recuerdo de la figura permanecerá ligado a sus actuaciones en los terrenos y al legado que dejó. Su historia forma parte de la memoria de una generación que contribuyó a construir la tradición de la pelota cubana.
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