La historia guarda entre sus páginas varias vivencias que involucraron directamente a Fidel Castro con deportistas cubanos, en hechos que mostraron el dominio absoluto que el dictador pretendió mantener sobre los atletas. Las ideas del dirigente se ampararon en la teoría del poder absoluto y quienes se desviaban de ese camino eran severamente castigados.
Como botón de muestra recordaremos lo que ocurrió en el año 2007, cuando el político arremetió públicamente contra los boxeadores Erislandy Lara y Guillermo Rigondeaux, cuando estos se desligaron de la delegación del país que asistió a los Juegos Panamericanos que se llevaron a cabo en Rio de Janeiro.
Los peleadores, a la postre, fueron capturados por las autoridades brasileñas y deportados a Cuba. Fidel Castro no perdió la oportunidad y expuso varios criterios que sacaron a relucir la "sed de venganza" que guardó en su interior. El mandatario no apresó a los boxeadores,. pero sí lanzó sobre ellos duras palabras.
Fidel Castro y su más que equivocada comparación
Una de las intervenciones más polémicas del Presidente de Cuba en aquel entonces fue la que salió a la luz el 8 de agosto. Aquel documento, titulado "La constancia escrita", fue una sentencia de castigo y enseñó que la mente del autor del mismo vivía en otro mundo, lleno de alusiones a la vida militar. Fidel Castro llegó al extremo y comparó la acción de Erislandy Lara y Guillermo Rigondeaux con la de militares que huyen de la confrontación.
“El atleta que abandona su delegación es como el soldado que abandona a sus compañeros en medio del combate”.
La frase merece detenerse. Los implicados eran boxeadores y participaron en una competencia. No eran soldados, no estaban en una guerra y sus compañeros no estaban combatiendo en un campo de batalla. Simplemente se fugaron en la búsqueda de nuevas opciones. Pero para Castro, la diferencia parecía desaparecer.
Fidel no se limitó a reprocharles haberse escabullido y señaló a Lara con el dedo acusador, por ser el líder de la escuadra.
"La mayor responsabilidad, a mi juicio, corresponde a Erislandy Lara, quien era el capitán del Equipo de Boxeo y aun así incumple normas y va a parar directamente a las manos de los mercenarios".
Posición inquisidora
Hay algo todavía más revelador. Castro escribió que lo que realmente debía importarle al pueblo cubano era “el comportamiento moral de los atletas”. Es decir, el problema no era únicamente que dos deportistas hubieran traspasado una directriz. La decisión de marcharse se convirtió en un juicio moral.
Supongamos por un momento que los dos atletas incumplieron con sus entrenadores y los pronósticos de las autoridades del país. Todo eso pertenece al ámbito deportivo. Llamar a ese acto una suerte de abandono del frente de combate supone trasladar el conflicto a otro terreno: el de la obediencia política. Y esa es precisamente la parte más cuestionable del razonamiento de Fidel.
En otro punto del documento, el dictador prometió que no iban a existir represalias con los boxeadores una vez que estos llegaran a tierra cubana.
"La Revolución ha cumplido su palabra. Prometió darles un trato humano a los dos atletas, reunirlos de inmediato con sus familiares, brindarles acceso a la prensa si lo deseaban y asignarles un trabajo decoroso de acuerdo con sus conocimientos. Hemos atendido igualmente con esmero su estado de salud, como hacemos con todos los ciudadanos".
Expulsados del sistema deportivo
Junto a esa promesa de clemencia apareció el castigo deportivo. El funcionario afirmó que habían llegado a un “punto sin retorno” como integrantes de una escuadra cubana y les cerró las puertas de la selección nacional. El mensaje era poderoso: puedes volver a casa, puedes reunirte con tu familia y puedes recibir un trabajo, lo que no puedes hacer es pretender que tu decisión de abandonar la comitiva no tenga consecuencias dentro del sistema deportivo.
Casi 20 años después, aquellas frases siguen retumbando. Porque quizás el verdadero problema nunca fue que dos boxeadores abandonaran una delegación. El problema, para Fidel Castro, fue que dos hombres decidieron que sus destinos les pertenecían a ellos y no a una ideología. Dicha postura se considera un pecado en Cuba, donde las cadenas son la rutina.
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