Mucho antes de los topes contra profesionales venezolanos en los años setenta y del experimento de Baltimore en 1999, una selección cubana derrotó a Boston Red Sox. No fue un duelo ante suplentes; las mediarrojas eran un equipo dando sus toques finales a su forma competitiva, maniatados por un derecho del Club Teléfonos: Juanito Decall.
En 1941, en la era de oro del béisbol aficionado en la isla, con un sistema deportivo autónomo y descentralizado, un equipo amateur superó a una de las ofensivas más potentes de la Liga Americana.
El desembarco de la élite
En la mañana de aquel jueves 27 de marzo, el vapor SS Florida atracó en el puerto de La Habana procedente de Miami. A bordo viajaban Red Sox para continuar con su preparación en el marco del Spring Training. El plan incluía un duelo frente a la Selección Amateur Cubana y una serie posterior contra Cincinnati Reds, vigentes campeones de la Serie Mundial. El escenario, el estadio La Tropical, un parque de dimensiones imponentes (495 pies por el centro).
Entre los treinta hombres de la nómina del Boston figuraban Bobby Doerr, Jimmy Foxx, Joe Cronin y Dom DiMaggio, hermano del legendario Joe DiMaggio. Incluso el mítico Ted Williams integró la expedición y pisó suelo habanero, aunque no vio acción en este encuentro. En conjunto, aquel roster contaba con cinco futuros miembros del Salón de la Fama de Cooperstown. Venían de liderar su liga en hits, promedio y slugging.
El equipo Cuba
La selección cubana, dirigida por Reinaldo Cordeiro, estaba integrada por figuras de la Liga Nacional de Amateurs, como Natilla Jiménez, Juan Ealo, Napoleón Reyes y Quilla Váldes, salidos de clubes civiles, militares y empresariales que competían en ella. El amateurismo cubano de entonces era una competencia real emanada de una sociedad civil activa.
En ese contexto apareció Juan Decall, el encargado de abrir ese choque. Cienfueguero, disciplinado y técnicamente probado en los Juegos Centroamericanos de 1938, Decall no impresionaba físicamente: pesaba apenas 138 libras. Sobre el papel, era un desajuste de fuerzas; en la lomita, fue una autoridad.
El juego: dominio sobre la maquinaria patirroja
Contra todo pronóstico y bajo la mirada atónita de los presentes en el estadio, Cuba venció a los Medias Rojas, 2 a 1. Boston abrió el marcador en la primera entrada, aprovechando un boleto a DiMaggio, y llegó a tercera por un hit de Finney al jardín izquierdo; Spencer bateó una línea al right, llevando a DiMaggio en pisa y corre, y la carrera de la quiniela terminó en la goma. Foxx y Cronin cerraron el inning, víctimas de dos formidables engarces de Quilla Valdés y Luis Suárez, respectivamente.
En el segundo episodio ocurrió la secuencia que definió el encuentro: Decall ponchó consecutivamente a Bobby Doerr, Jim Tabor y Johnny Peacock. Tres bateadores de poder retirados sin conectarle a la pelota. A partir de ahí, la ofensiva de Boston quedó reducida a cuatro imparables aislados. En total: cinco hits en nueve entradas.
Los cubanos lograron el empate en el quinto inning para avivar más el duelo que sostenían Decall y Rich. Siendo precisamente el propio Decall el que con un hit empató el desafío. Mario Fajo abrió el acto recibiendo un pelotazo; Luis Suárez entonces conectó un batazo por primera que como era demasiado abierto requería la asistencia del pitcher en la inicial, momento que aprovechó Fajo para en gran corrido apoderarse de la antesala.
Entonces Decall tras de tirante ovación por los criollos conectó un infield hit por segunda que en vano trató de atrapar Carey empujando a Fajo con la carrera que empató el juego.
Los de casa lograron la decisiva en el final del octavo inning. Después que Guate Gómez pereció en un fly a DiMaggio que realizó una espectacular atrapada sobre el batazo, Hernández bateó su segundo hit, esta vez por el jardín derecho. Quilla Valdés bateó un roller durísimo por tercera que le valió dos bases. Con hombres en tercera y segunda, Cordeiro ordenó "squeeze-play" pero José García falló en su intento y fue ponchado por cuarta vez en el juego. Rodríguez trajo la carrera que prácticamente decidió el juego, con inatrapable al jardín central. DiMaggio hizo un gran tiro al plato para enfriar a Quilla y sacar el último out de la entrada y evitar otra carrera de los criollos, aunque el daño estaba hecho.
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La reacción de la prensa
Jack Malaney, director del periódico "The Boston Post", que venía viajando con el equipo, hizo altos elogios de la actuación de los cubanitos, destacando con admiración la actuación de Decall. Así lo describió en su crónica desprovista de apasionamiento:
"El joven cubano Juan Decall estuvo maravilloso. ¿Me permiten decir con toda sinceridad, que nos sorprendió de una manera indescriptible, con su maravillosa labor? Sin ser un atleta de recia contextura, de manera increíble durante todo el juego mantuvo su sorprendente velocidad y con sus cambios de bolas, anuló a nuestros mejores bateadores. Su hazaña, al lograr retirar a los tres bateadores, en el segundo inning, por la vía del 'ponchado' —cosa que hasta ahora no ha logrado ningún pitcher de las grandes ligas. Casualmente, el día anterior, Bobby Doerr, que fue su primera víctima, había bateado en Miami Beach tres jonrones contra Filadelfia Nacional, mientras que Tabor, su segunda víctima, está considerado al igual que Peacock como nuestro más recio y seguro bateador. Y ya ven ustedes que el cubanito Decall se burló de ellos."
Otros medios de prensa norteamericanos se hicieron eco de la épica victoria de los amateurs antillanos; así fue el caso de The Waterbury Democrat, de Connecticut, y de Le Messager (diario en francés) de Lewiston, Maine.
La hazaña de Decall ese día fue completamente enterrada por los retazos del tiempo. Se agravó más aún durante la etapa posterior a 1961, en la que, deliberadamente y por decisión política, se desecharon todos los triunfos de la pelota no revolucionaria para no desmontar el mito de la «superioridad del béisbol revolucionario». Pero antes de que el deporte se convirtiera en propaganda, fue una pasión genuina y orgánica de la sociedad cubana, y Juanito Decall lo dejó firmado frente a Boston.
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