Durante décadas, la National Football League (NFL) consideró a Jesse Rodríguez (un fullback nacido en Avilés, España, que debutó en 1929 con los Buffalo Bisons) como el primer hispano en la historia de la liga. Sin embargo, en el año 2000 todo dio un giro imprevisto: la aparición de un papel olvidado en una casa de Estados Unidos obligó a los historiadores del Pro Football Hall of Fame, en Canton, Ohio, a reescribir los libros de su historia.
La protagonista de ese giro fue Heidi Cadwell, nieta de Ignacio Molinet, quien decidió llamar al Salón de la Fama para donar un documento firmado en 1927 por su abuelo. Al principio, la atendieron con indiferencia; pues pensaron que “Molinet” era un apellido francés. Pero cuando Heidi aclaró: “Mi abuelo era cubano”, la historia empezó a cambiar. La llamada llegó al historiador Mario Longoria, autor de Athletes Remembered: Mexicano/Latino Professional Football Players, para que investigara el caso. Tras revisar el documento, la NFL certificó su autenticidad y reconoció a Molinet como el primer cubano, latinoamericano e hispanoamericano documentado en la historia del fútbol profesional estadounidense.
Un cubano en el corazón azucarero de Oriente
Ignacio Saturnino Molinet nació el 30 de noviembre de 1904 en el Central Chaparra, Oriente. El ingenio, uno de los más grandes del mundo en su momento, fue fundado por el general del Ejército Libertador y luego presidente de la República, Mario García Menocal.
Los Molinet venían de ese entorno mambí. El tío de Ignacio, el médico y brigadier general Eugenio Molinet Amorós, dirigió el hospital del central, administró el complejo y ocupó la Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo durante la presidencia de Gerardo Machado.
Esa holgura, la de las familias azucareras en los años de la Danza de los Millones, permitió enviar a Ignacio y a su hermano mayor, Joaquín, a estudiar a Estados Unidos. Primero fueron a Peddie School, en Nueva Jersey. Después entraron en Cornell, en Ithaca, Nueva York.
El Big Red de Cornell
Joaquín fue el primero en dejar huella en Cornell, destacándose como centro del equipo de baloncesto entre 1919 y 1921, y obteniendo el reconocimiento como miembro del All-Eastern League. Su liderazgo y talento lo llevaron a ser incluido, décadas después, en el Salón de la Fama de la universidad por sus logros en baloncesto y fútbol. Ignacio, por su parte, orientó su talento atlético hacia el fútbol americano.
Bajo la dirección del entrenador Gilmour Dobie, Ignacio se unió en 1924 a la ofensiva del Big Red. Su impacto como fullback fue inmediato y atrajo la atención de cronistas de prestigio como Allison Danzig, de The New York Times.
«But the man who broke Columbia’s heart was Ignacio Saturnino Molinet, Dobie’s ace in the hole, a 19-year-old sophomore from Chaparra, Cuba» («Pero el hombre que le rompió el corazón a Columbia fue Ignacio Saturnino Molinet, el as bajo la manga de Dobie, un estudiante de segundo año de 19 años de Chaparra, Cuba»).
— Allison Danzig, The New York Times (2 de noviembre de 1924).
Aunque en 1925 debió pausar su carrera deportiva por motivos académicos, en 1926 consolidó su desempeño y recibió una mención honorífica en el All-American colegial.
En el momento de mayor proyección deportiva, la repentina pérdida de sus padres golpeó profundamente a Ignacio. Este duro revés lo llevó a interrumpir temporalmente sus estudios y regresar a Cuba.
La oferta de Frankford
A pesar de la interrupción, Ignacio seguía en la mira de los campeones vigentes del fútbol profesional, los Frankford Yellow Jackets. El 20 de julio de 1927, firmó el contrato oficial de la National Football League con la Frankford Athletic Association, rubricado también por el tesorero Robert B. Haines. Así, Ignacio S. Molinet quedó registrado formalmente como jugador profesional en la NFL.
La cláusula primera fijaba 50 dólares por partido. El Exhibit A precisaba el alcance: esa tarifa aplicaba únicamente a los encuentros del sábado en el campo del club. Los partidos programados y no disputados no generaban paga, salvo los gastos reales. Además, Molinet debía entrenar cinco días a la semana a 10 dólares por jornada efectivamente cumplida, con un tope de 50 dólares semanales; los días de práctica omitidos no se pagaban, a menos que la ausencia quedara justificada por el médico del club o por el entrenador. Para cada juego del domingo, el salario era el 60 % de la suma entre los 50 dólares de la cláusula primera y el bono de prácticas de esa semana.
Un aspecto clave del contrato era el encabezado, que consignaba de manera explícita su domicilio en Chaparra, Oriente, Cuba. De este modo, en el verano de 1927, tanto la franquicia como la liga lo inscribieron oficialmente como jugador cubano.
Tras sellar el acuerdo, viajó a Filadelfia para incorporarse al plantel, quedando oficializada su ficha como: «Ignacio Molinet, 23 años, Universidad de Cornell, 5-11 de estatura, 195 libras, posición: back y dorsal #17».
La temporada de 1927
El campeonato inició el 24 de septiembre con una reñida derrota de los Frankford Yellow Jackets, que cayeron 3-6 ante los Dayton Triangles.
Molinet no tardó en adaptarse al esquema de los campeones. En la serie de exhibición de principios de octubre frente a New Britain, comenzó como suplente el sábado 1º y al día siguiente se ganó la titularidad como fullback, contribuyendo a una contundente victoria por 22-0. Su destacado desempeño fue resaltado en el programa oficial del club la semana siguiente:
«Molinet showed lots of stuff hitting the line and receiving passes» («Molinet mostró gran nivel embistiendo la línea y atrapando pases»).
— Frankford Yellow Jackets Official Program (vs. Dayton Triangles, 8 de octubre de 1927).
El reingreso a la competición oficial de la NFL ocurrió el 8 de octubre, en el empate 0-0 ante Dayton. El 15 de octubre figuró en la reserva. Veinticuatro horas más tarde (el domingo 16 de octubre, en el Bison Stadium) saltó al terreno desde el banquillo, en la victoria 23-0 sobre los Buffalo Bisons, y firmó el momento cumbre de su paso por la liga.
En el cuarto periodo, tras una serie de jugadas por aire que colocó el ovoide en la yarda 1, Molinet atacó el centro de la línea defensiva y anotó el único touchdown profesional de su carrera. La acción quedó documentada en primera persona por su compañero de alineación, el halfback Charley Rogers:
«Ignacio Molinet crashed through the Buffalo line for the only other score of the game after Frankford opened up with a successful aerial attack...» («Ignacio Molinet atravesó la línea de Buffalo para la otra única anotación del juego, luego de que Frankford abriera con un exitoso ataque aéreo...»).
— Charley Rogers, en Frankford Yellow Jackets Official Program (vs. New York Giants, 22 de octubre de 1927).
Primer juego de titular
Tras ver acción como sustituto el 23 de octubre en el Polo Grounds ante los New York Giants, Molinet asumió la titularidad como fullback en dos jornadas en casa.
La primera ocurrió el 29 de octubre (vs. Providence Steam Roller, derrota 7-20): 14 yardas terrestres, un first down, una recepción de 15 yardas y un pase intentado. La segunda se registró el 5 de noviembre (vs. Pottsville Maroons, victoria 10-0): 4 first downs, 13 yardas por tierra y una intercepción defensiva retornada de 18 yardas.
Siguió como suplente en los triunfos sobre Cleveland Bulldogs (12 de noviembre, 22-0) y Chicago Cardinals (19 de noviembre, 12-8), según las alineaciones de los documentos de la época.
El ciclo con la franquicia concluyó antes del tramo final. En la publicación oficial del 3 de diciembre, la gerencia de Frankford lo incluyó en el listado de bajas («Recently Released») junto a Moran, Donohoe y Moynihan. La campaña de 1927 para Molinet cerró con un total de 9 partidos y 2 titularidades, con 75 yardas terrestres, 35 aéreas y un touchdown (6 puntos), estadísticas que refleja Pro Football Reference.
El silencio
Al terminar su relación contractual con el club ese invierno, Molinet decidió no continuar en el fútbol profesional. Regresó a Cornell, se graduó como ingeniero mecánico y construyó una larga carrera en Carrier Corporation, dedicada a los sistemas de climatización industrial.
Se estableció en el estado de Nueva York, formó una familia con cinco hijos y se apartó por completo del mundo deportivo. Cuando falleció en 1977, ni siquiera sus seres más cercanos conocían el alcance real de su paso por la NFL. En casa solo quedaban las anécdotas de sus años universitarios y la imagen entrañable de aquel anciano escuchando por radio los partidos de Cornell, cuando los locutores recordaban la época de “Molly”.
Para el deporte cubano, su hazaña quedó sepultada por la distancia y los dogmas de la época. Bastó con que su contrato saliera a la luz 73 años después para que la historia finalmente le devolviera su lugar en los orígenes de la NFL.