Grover Cleveland Alexander: la leyenda

Cuando su cuerpo fue hallado sin vida en la ciudad de Saint Paul, aquel día de noviembre de 1950 todo el país se conmocionó pues su legado en la cultura estadounidense para ese entonces era un hecho consumado.

Cuando su cuerpo fue hallado sin vida en la ciudad de Saint Paul, aquel día de noviembre de 1950 todo el país se conmocionó pues su legado en la cultura estadounidense para ese entonces era un hecho consumado.
Cuando su cuerpo fue hallado sin vida en la ciudad de Saint Paul, aquel día de noviembre de 1950 todo el país se conmocionó pues su legado en la cultura estadounidense para ese entonces era un hecho consumado. (Web Screen Shot)

Por Alexander García 

   Anonadado por el alcohol, medio muerto o ya muerto, así encontraron a Grover Cleveland Alexander el 4 de noviembre de 1950. Unos hablaron de una fuerte crisis epiléptica, otros solo miraron, leyeron o escucharon para después llorar y punto. Décadas después, hasta una película le hicieron con Ronald Reagan de protagonista, sí, un futuro presidente calando en el papel del mítico pelotero con nombre de presidente: Grover Cleveland. 

   Lo encontraron aquel día así, en coma, sumido en una cruda borrachera, pensaron incluso que podía despertar, siempre Alexander terminaba en ese estado de hecho era su manera de vivir, desde sus años en el ejército durante la Primera Guerra Mundial, luego en aquella Serie Mundial de 1926, cuando salió a relevar medio borracho y salva el partido para los Cardenales de San Luis; en fin, siempre dio de que hablar. 

   En el imaginario beisbolero, la figura de Grover Cleveland trasciende con cierta mística, tipo de pocas palabras, siempre andaba solo, usaba una gorra menor a su talla y vestía el uniforme arrugado con la camisa a medio salir, pero según cuentan personas de la época, lo que más llamaba su atención además de su caminar lento era su modo tan simple para lanzar. Cuentan de hecho que casi ni calentaba pero siempre la ponía ahí, en zona. 

La leyenda 

   Aseveran varios cronistas de allá por los años veinte del pasado siglo que aquel día, 10 de octubre de 1926, durante el juego siete de la Serie Mundial, Cleveland estaba en el banco, pasando una resaca y cuando Rogers Hornsby lo llamó, tomó su gorra, se la puso medio virada, como ladeada hacia el costado derecho y a paso lento llegó al box, mató esa entrada y las otras dos que restaban para asegurar el triunfo. 

   Ya para entonces, Alexander era una leyenda, todo había empezado quince años atrás, cuando el 15 de abril de 1911, hacia su debut con los Philies de Philadelphia. 

   Desde ese entonces, Grover Cleveland, impuso marcas de respeto en el béisbol. En esa primera temporada, lideró la Liga Nacional con 28 victorias, juegos completos con 31 y entradas lanzadas con 367, así como en lechadas con 7. 

   Al día de hoy, muchos comentan todavía sobre su duelo en aquella temporada contra el mítico Cy Young, a quien le ganó 1-0. 

   Con los Philies, Alexander hilvanó una racha de 30 juegos ganados o más durante tres temporadas consecutivas: 1915, 1916 y 1917. A su salida del equipo era todo un referente en los diamantes. 

   Y es que Cleveland siempre quiso ir más allá, sirvió a su país en la Primera Guerra Mundial durante 1918. De acuerdo con varios estudiosos de su figura y del béisbol, es en este período cuando comienza a padecer la epilepsia. 

Años finales 

   Después de terminar su contrato con los Cardenales de San Luis en 1929, Grover Cleveland regresa a los Philies para terminar su carrera en el equipo que lo vio erigirse como estrella. 

   Cuando su cuerpo fue hallado sin vida en la ciudad de Saint Paul, aquel día de noviembre de 1950 todo el país se conmocionó pues su legado en la cultura estadounidense para ese entonces era un hecho consumado. 

   Al mirar en fotos de la época la imagen de Grover Cleveland, inmenso en el box, cayendo de lado sin inmutarse con algún tipo de gesto; al buscar y leer sobre su historia, me doy cuenta que reseñar parte de la misma hoy, es solo un modesto tributo a su figura. 

   Nos vemos a la vuelta.

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