Historias que me contaron: Orestes Kindelán quería ir a Varadero

Michel Contreras

En Winnipeg 1999, Orestes KIndelán jugó el choque final con el estímulo añadido de ganar para que sus hijos se fueran a disfrutar a Varadero.

Los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999 fueron la primera competencia oficial donde los peloteros cubanos enfrentaron a jugadores profesionales y con bate de madera. De ellos data esta anécdota que, con Orestes Kindelán como protagonista, me contó el estelar José Ariel Contreras.

Resulta que la selección cubana había sufrido de lo lindo para colarse en la final. Tanto, que en la clasificatoria apenas consiguió avanzar como tercera de su llave, pues luego de archivar fáciles triunfos sobre México (5×1) y Brasil (10×0), sucumbió frente a Estados Unidos (10×5) y Canadá (8×1).

Las cosas iban mal. El pitcheo estaba siendo vapuleado y el centro de la alineación (léase Omar Linares y Orestes Kindelán) lucía extrañamente improductivo. Tocaba, pues, sacar la casta.

En la fase de cuartos el rival fue República Dominicana. El manager Alfonso Urquiola encaramó en el box a José Ariel Contreras, y este se ocupó de lanzar seis entradas sólidas para que Cuba se impusiera 3×1 a la postre.

Al día siguiente, en las semifinales, Omar Linares saldría de la sequía para romperles el invicto a los locales canadienses, quienes iban delante por dos anotaciones hasta que “El Niño” despachó su jonrón de tres carreras.

Así, la escena quedó lista para el duelo decisivo contra los estadounidenses. El boleto a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 se había garantizado con el éxito sobre los anfitriones, pero perder ante los norteños habría sido visto como afrenta en un país donde el deporte (especialmente el béisbol) siempre fue politizado.

Orestes Kindelán Equipo Cuba

Orestes Kindelán no podía perder en Winnipeg

La tensión se podía masticar. El instinto de Urquiola, según me confesó, lo llevó a desoír los consejos de sus colaboradores y designó para el desafío por el oro al mismo hombre que había lanzado dos jornadas antes. Al enterarse de la sorpresiva noticia, Orestes Kindelán abordó de inmediato a Contreras.

“¿Tú estás seguro de que puedes pitchear en la final?”, le preguntó. Tras la respuesta afirmativa del derecho pinareño, el máximo jonronero de las Series Nacionales le dijo con toda la seriedad del mundo: “No puedes fallar, mira que yo tengo que llevar a mis hijos a pasarse unos días en Varadero”.

El famoso balneario era el premio a la victoria y Orestes Kindelán no iba a permitir que sus muchachos se perdieran el buen rato. Así que, a pesar de que iba de 25-3 en el torneo, se dio el lujo de pronosticar un par de bambinazos.

¡Y los dio! El primero lo sopló con dos outs y bases limpias en el cuarto episodio ante el abridor Brad Penny, quien más tarde sería dos veces All-Star en Grandes Ligas. El otro se lo pegó a un relevista que llegaba con experiencia en las Mayores, Derek Wallace.

Las muñecas del “Tambor Mayor” (junto al brazo de un Contreras que ponchó a 13 en ocho innings) habían finiquitado el contencioso. Cuba ganó 5×1, conquistó su octavo cetro panamericano en fila, y los hijos de Orestes Kindelán se fueron a gozar en Varadero.

Orestes Kindelán, Equipo Cuba

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