Con toda seguridad, el habanero Mario de Cárdenas es uno de los pocos jugadores del Equipo Cuba Juvenil de 1982 que no trascendieron en el beisbol cubano.
Aquella fue la mejor escuadra de esa categoría que se ha armado en la Isla. Su lineup incluía a Omar Linares, Orestes Kindelán, Antonio Pacheco, Lázaro Vargas, Javier Méndez, Armando Ferreiro y Jorge García, y desde el box contaba con los brazos de René Arocha, Pablo Miguel Abreu, Faustino Corrales, Osvaldo Duvergel y Osvaldo Fernández.
Mario de Cárdenas se desilusionó
Todos esos nombres acapararon titulares en los clásicos domésticos, y la inmensa mayoría escribió una historia larga con la franela de la selección absoluta. Pero siempre hay excepciones, y una de ellas fue el outfielder Mario de Cárdenas, quien confiesa haberse “decepcionado” del beisbol muy tempranamente.
“Yo empecé en la Serie Nacional en 1982 -relata a Swing Completo-, en 1985 me dejaron en la reserva del equipo y luego me gané el retorno con buenos rendimientos en el Campeonato Provincial. Al volver lo hice bien, hasta el punto de que Pablo Miguel Abreu me dijo que a ese paso me colaba en la Selectiva. Pero ahí perdí unos cuantos partidos por una lesión en el hombro, no estuve fino al recuperarme y entre eso y las injusticias que veía me desilusioné”.
En opinión de Mario de Cárdenas, sus mayores virtudes para el juego eran “la fuerza al bate, que no era mal fildeador y con un brazo potente”. Ello, empero, no le bastó para abrirse camino en un efímero paso por tres campeonatos nacionales en los que promedió .251 con OPS de .615.
Su bateo fue clave en dos victorias del Mundial
Pero no vaya usted a creer que el muchacho no hizo de las suyas entre las estrellas que sobresalían en el equipo juvenil que ganó el oro en la cita mundialista de Barquisimeto’82.
“En el tercer juego íbamos perdiendo ante China Taipei y con Kindelán en segunda y Vargas en primera, el manager José Miguel Pineda me dijo ‘Mario de Cárdenas, coge bate. Prepárate bien que el pitcher está duro’. En ese turno di triple, impulsé a los dos y ganamos el partido”, rememora con justificado orgullo.
Encima, ahí no paró la cosa. “Al día siguiente abrí como regular y sexto bate, y en los finales de un juego empatado contra Antillas Holandesas, ya con dos outs, conecté jonrón y la carrera también acabó siendo decisiva”.
Lástima que el futuro que se anunciaba por entonces no llegó a cuajar en el máximo nivel. Lástima, también, que se desencantara. Pero la vida no terminaba con el adiós a los diamantes, de manera que Mario de Cárdenas emigró en agosto de 1996, laboró en una compañía de aire acondicionado y hacia el año 2000 fundó en los Estados Unidos una academia para enseñar aquel deporte que tanto había amado.
“Era una academia para niños de 5 a 14 años”, puntualiza. “Participamos en varios torneos, fuimos a Series Mundiales para la categoría 13 años, y en eso estuve alrededor de una década hasta pasar a mi trabajo actual, relacionado con las piezas de repuesto para autos”.
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