¿Califica esa actuación entre las mejores de un pitcher frente a la selección nacional? Desde luego que sí. Y demuestra que no hay peor cuña que la del mismo palo, como reza el viejo refrán.
Hay que rebobinar, remontarse al Mundial de Aficionados en Cartagena 1970 para encontrar el primer tropiezo monumental del poderoso Equipo Cuba de béisbol, en juegos que importaban, cuando el norteamericano Burt Hooton los dejó sin hits en la fase eliminatoria (EE.UU ganó 3-1, luego Cuba, con José Antonio Huelga vestido de héroe, los derrotó dos veces en una serie extra, para ceñirse la corona).
Dos años después, en la cita del orbe en Managua 1972 con Cuba ya con el título en el bolsillo aún faltando la jornada del adiós, el nicaragüense Julio Suárez les colgó nueve argollas en triunfo nica 2-0, del cual todavía se habla en los mentideros beisbolísticos de esa nación centroamericana, así como de la joya monticular de Porfirio Altamirano, también de la patria de Sandino, juego de nueve ceros contra Cuba, 5-0, en el Mundial de 1976 en Colombia.
El otro dominio avasallante frente a Cuba lo protagonizó otro derecho, Ben Sheets, en los Olímpicos de Atenas 2000, con otra espesa lechada ante el trabuco antillano en el pleito definitorio. En esta selecta lista debe entrar, por derecho propio, el llamado Brazo de Hierro de los equipos de la capital, Lázaro de la Torre.
El Cuba “B” tenía todo en contra, pero De la Torre cambió la historia
Escenario: Estadio José Ramón Cepero de Ciego de Ávila, miércoles 9 de agosto de 1989. Partido final por el título del V Torneo Internacional Huelga In Memoriam entre el Cuba “A” y el Cuba “B”.
Tras dejar en el camino a otras seis escuadras extranjeras, los dos elencos cubanos se enfrentan por el primer lugar. El Cuba “A” llega invicto, el “B” patinó una vez, precisamente frente a sus connacionales, 5-13 en la ronda preliminar.
Vean quiénes estaban en el “A”, ya con el pasaporte hecho para viajar a las lides internacionales y con la etiqueta de favoritos:
- Germán Mesa SS
- Juan Padilla 2B [Antonio Pacheco estaba entre algodones],
- Omar Linares 3B
- Orestes Kindelán DH
- Lourdes Gurriel LF
- Pedro Luis Rodríguez C
- Alejo O’Reilly 1B
- Eddy Rojas RF
- Víctor Mesa CF
En el “B” supuestamente estaban los “casi” estrellas o, para decirlo fino, los segundones: alrededor de la media luna un desconocido torpedero A. Suárez (les debo el nombre), Gabriel Pierre en la esquina caliente, Carlos Kindelán en el segundo saco y Leonel Moa en la inicial.
Patrullando los jardines, listos para correr tras los fuegos artificiales del equipo estelar (antes de ese choque, el “A”, 6 HR; el “B”, 2), podíamos ver a Javier Méndez en el central, Romelio Martínez en el prado izquierdo de cuarto bate y Lázaro Madera en el derecho, con Carlos Barrabí detrás de home y Lázaro Vargas de designado, Pero nada de eso importó.
Respaldados por la afición avileña -es de cajón que todo el mundo quiera ver al débil vencer al más fuerte, a la gente le encantan los cuentos de hadas-, y con el impulso sicológico que representa estar durmiendo en los albergues del mismo Cepero, mientras sus rivales del “A” lo hacían en el mejor hotel de la ciudad (no tengo que decirles todas las facilidades que recibieron Kindelán y compañía), los del “B” salieron al terreno con el cuchillo entre los dientes, dispuestos a hacer historia.
14 entradas que convirtieron a Lázaro de la Torre en héroe
El “A”, cuyo cuerpo monticular lanzaba para 2.67 PCL antes del duelo decisivo (el “B”, 6.23 PCL), dio rápido un manotazo en la mesa, anotando tres en la segunda entrada ante el abridor Buenafé Nápoles.
Lo sustituyó De la Torre, quien lanzó durante los siguientes 14 innings, para llevarse la victoria 9-7 tras 16 arduas entradas y de fabricar dos carreras en la parte alta de ese capítulo, con el batazo clave a cargo de Barrabí. David se impuso a Goliat.
Cuentan los asistentes que el juego terminó pasadas las 12 de la medianoche y que De la Torre recibió una sonora ovación de un repleto Cepero puesto de pie y con algunos abogando por hacerle una estatua, de madera, claro, para que ardiera mejor si se portaba mal con los equipos agramontinos.
Una victoria histórica que dejó fuera al héroe del Todos Estrellas
Para acabar de liarla, los organizadores, también dándose la gran vida en el hotel Ciego de Ávila, parece que habían dado por sentado el triunfo del “A”, viendo los galones de sus estrellas, y a algún sesudo funcionario se le ocurrió confeccionar el Todos Estrellas del certamen el día antes, dejando fuera a De la Torre (desde luego, ni que tuviera una máquina del tiempo), quien se merecía, de calle, el premio al jugador más útil a su equipo, distinción que recayó en Omar Linares.
A ver si alguien aquí tuvo el privilegio de ser testigo de ese histórico enfrentamiento y puede aportar mejores cosas.