“Me hice yo solo como mánager, no tuve influencia de nadie”, asegura Servio Borges, y hay que creerle. Si hay que darle crédito a alguien es a los profesores que tuvo en el ESEF Comandante Manuel Fajardo de La Habana. Su tesis de grado, “La rapidez en el béisbol”, llamó la atención del jurado académico y de los encargados del béisbol nacional en ese entonces.
En el último revés de la isla contra EE.UU en el Torneo Cuadrangular Internacional México 1968, en el partido por el título, los jugadores norteamericanos se mostraron muy veloces en el corrido de las bases, lo que descolocó un tanto a los cubanos. Servio debió tomar nota.
Su filiación partidista también ayudó. Nacido en Guantánamo el 8 de julio de 1947, con apenas 15 años se incorpora al llamado para erradicar el analfabetismo en Cuba, luego ingresó en la escuela de Cadetes de la Aviación y de ahí pasó a estudiar a la Fajardo.
En cambio, no se puede decir que sacó mucha experiencia como jugador de los campos de béisbol. "Jugué pelota organizada, hasta la categoría juvenil, como jardinero central, aunque a veces me movían a la segunda base, pero en verdad no era un buen jugador”, se confiesa Servio por WhatsApp desde México.
Servio Borges y el experimento de Azucareros
Para cuando inició la VIII Serie Nacional (1969), Servio, con apenas 22 años cumplidos, fue designado el mentor del conjunto Azucareros, que había participado en cuatro certámenes previos sin poder alzar el título ante el predominio de los conjuntos de la capital, Industriales y Habana, los favoritos para imponerse en la justa por comenzar.
Para entonces, y espoleados por los reveses ante EE.UU en la arena internacional (Winnipeg 1967), en el béisbol cubano ya había echado a andar la revolución técnica, como se le llamó por las autoridades: se trajeron máquinas de bateo, se usaron bates más estrechos para mejorar el tacto, hubo filmación de jugadas a fin de ser analizadas por los expertos, entre ellos Juan Ealo, y la letra pequeña, más sutil, de la transformación consistía en sacar de escena a los viejos mánagers de las primeras temporadas cubanas, la mayoría, exjugadores, e incorporar a los jóvenes valores que estaban egresando de la Fajardo.
La rumorología de la época, esto no lo cuenta Borges, dice que uno de esos pilotos experimentados, Antonio “Natilla” Jiménez, conspiró para que Servio no dirigiera a Azucareros, logrando convencer a unos cuantos de los otros entrenadores de plantarse y mostrar desacuerdo llegado el momento.
Pero antes de que comenzara la reunión donde se iba a nombrar al mandamás de los dulcísimos, un funcionario del gobierno llamó aparte a “Natilla” Jiménez, le dijo un par de cosas, y acto seguido se llevó a cabo el nombramiento del joven mentor por unanimidad. “Natilla” terminó abrazando el nuevo proyecto.
Fue entonces que Servio y sus Azucareros de 1969 sirvieron como tubo de ensayo para ver si ese era el nuevo camino a seguir por el béisbol antillano, tan necesitado de victorias internacionales.
“Hice énfasis en la importancia del entrenamiento diario, de la disciplina, para evitar llegar a la competencia con poco entrenamiento y entonces querer hacer el máximo, lo que es un error”, explica Servio.
También procuró una mejor alimentación para los atletas y hasta hicieron hincapié en las estadísticas personales de los peloteros, para lo cual incluyeron en el cuerpo técnico del plantel a Misael Lima, otro graduado del Fajardo, al igual que el auxiliar Francisco Escaurido.
Y el experimento dio resultados. Después de 99 encuentros y en una de las contiendas más reñidas de todas las épocas, Azucareros se ciñó la corona [primer campeonato para un equipo del centro del país], con un juego de ventaja precisamente sobre Industriales y Habana, mostrando a un conjunto cohesionado.
“Con Azucareros implementé una filosofía de agresividad y rapidez y, desde luego, el asunto de la disciplina. Apliqué todo eso desde el primer día. Lo importante era el equipo, no las individualidades, aunque se reconocen. Hay que jugar para el equipo. Robamos muchas bases -106, detrás de Mineros (161) e Industriales (136), pero más que el Habana (91) y que otros ocho novenas-, hasta el gigantón Jesús Oviedo se estafó el home, y hicimos muchos corrido y bateo. Los jugadores se montaron al carro de la rapidez. Y está lo de la cuestión mental. Todo funcionó”, Dice Servio
De Azucareros al dominio con el equipo Cuba
Al triunfo de Azucareros le siguió días después la segunda Serie de las Estrellas, ganada también por Servio al mando de Orientales. Con esas credenciales, no fue sorpresa que fuera nombrado director del equipo Cuba al Campeonato Mundial de Béisbol Amateur de ese mismo año, en República Dominicana.
Dice: “Sentí mucha presión para escoger a los 18 jugadores del plantel. Los seleccioné pensando en el enfrentamiento con EE.UU”.
Y en ese Mundial en Quisqueya 1969 guió a los criollos a un resonante triunfo sobre la escuadra de Estados Unidos, enarbolando a partir de ahí una cadena invicta de 11 años conquistando títulos (15) en certámenes internacionales (1969-1980).
Con él al timón, y aunque tuvo sus más y sus menos a la hora de confeccionar las selecciones nacionales, Cuba se adjudicó 9 Campeonatos Mundiales Amateurs, 1 Copa Intercontinental, 3 Juegos Panamericanos y 4 Juegos Centroamericanos y del Caribe, cosechando 183 victorias y sólo 13 reveses (Las estadísticas son de Benigno Daquinta). Sólo perdió 3 torneos, en los que finalizó segundo, incluyendo una valiosa medalla de plata en los Olímpicos de Sydney 2000.
En el plano nacional, además del mencionado campeonato con Azucareros, encumbró también a Las Villas (Serie Especial de 1970), de nuevo a Azucareros (1971-72) y un cuarto título con Ciudad Habana (Serie Selectiva de 1990], acaparando un enviable promedio de 301 triunfos y 136 fracasos en casa.
Su filosofía de dirección se apoyó en estos pilares: la preparación física y mental, la disciplina, la velocidad en el corrido de las bases y jugar para el equipo. Y tenía un sexto sentido a la hora de tomar las decisiones más acertadas, de ahí el apodo de El Mago.
Con una vitrina repleta de trofeos y recuerdos de su memorable carrera como mentor, Servio pone muy arriba en la lista el título conseguido con Azucareros en 1969. “Gracias a eso dirigí el Team Cuba”, dice.
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