El Real Madrid de Julen Lopetegui sumó tres puntos de oro en el Estadio Santiago Bernabéu tras superar por la mínima (1-1) a un RCD Espanyol que plantó cara hasta el último suspiro. El encuentro, correspondiente a la quinta jornada de LaLiga, se definió gracias a la tecnología del videoarbitraje y a la falta de puntería de los visitantes en los metros finales. Con esta victoria trabajada, el conjunto blanco se trepó provisionalmente a lo más alto de la clasificación doméstica, demostrando que sabe sufrir cuando el fútbol vistoso no termina de aparecer.
Desde el pitazo inicial, el libreto del partido estuvo marcado por la posesión madrileña y la presión asfixiante de los dirigidos por Joan Francesc Ferrer 'Rubi'. El Espanyol no se achicó en Chamartín; por el contrario, cerró los caminos interiores obligando al Real Madrid a lateralizar en exceso el juego. Sin embargo, la paridad se rompería justo antes del descanso mediante una acción que requirió de altas dosis de paciencia.
La tecnología hace justicia en el Bernabéu
Corría el minuto 41 de la primera mitad cuando un remate mordido de Luka Modrić rebotó en la defensa perica. El esférico quedó muerto en el borde del área chica, donde Marco Asensio apareció con la astucia de un cazador. El mallorquín cruzó un disparo raso e impecable que batió por completo la estirada del guardameta Diego López.
La alegría en las gradas se congeló de inmediato cuando el árbitro asistente levantó el banderín señalando una supuesta posición adelantada. La tensión se apoderó de los futbolistas mientras el juez central se llevaba la mano al oído, esperando el veredicto del VAR. Tras un par de minutos de deliberación digital y trazado de líneas, las pantallas del estadio hicieron justicia: Asensio arrancó en posición totalmente reglamentaria. El gol subió legítimamente al marcador, desatando el festejo definitivo de la afición local antes de marchar a los vestuarios.
El larguero salva el liderato blanco
En la segunda mitad, el panorama cambió drásticamente. El Real Madrid acusó el cansancio y el Espanyol olió la debilidad. Los catalanes adelantaron líneas y empezaron a generar serios dolores de cabeza a la zaga merengue. La oportunidad de oro para el empate llegó tras un error incomprensible de Sergio Ramos. El capitán blanco se confió en la salida de balón y entregó el esférico a Borja Iglesias.
El delantero espanyolista encaró en solitario a Thibaut Courtois y, ante la salida del arquero belga, ensayó una genial vaselina. El Bernabéu enmudeció mientras el balón viajaba por el aire, pero la suerte estuvo del lado local: el remate impactó violentamente contra el larguero y el rebote fue despejado. A pesar de los intentos desesperados del Espanyol en los minutos de descuento, el Real Madrid logró abrochar un triunfo gris pero vital que ratifica su sólido arranque de temporada.