Por Jesús Alaín Fernández/@JesusLCA2017

El 26 de diciembre del 1919 (tan solo 102 años atrás) se firmó un contrato que cambió la historia del béisbol en el siglo 20 y por sobre todas las cosas de los dos equipos implicados.

Babe Ruth había jugado seis temporadas con los Medias Rojas de Boston. Se movía entre el jardín derecho y el montículo, pero siempre manteniendo la vista fija en el cajón de bateo. En seis temporadas ya mostraba un OPS de .981 (OPS+ de 190) pero, aun cuando acababa de liderar Las Mayores con 29 jonrones, no había llegado la explosión de fuerza que años después los diamantes de los Estados Unidos pudieron disfrutar, o sufrir.

Por entonces Harry Freeze era el dueño de los Medias Rojas de Boston, pero su verdadera pasión estaba en otra dirección. Freeze era un productor de teatral y debido a esta actividad sus finanzas se encontraban en pésimas condiciones. Ya el Babe, después de su temporada del 2019 había pedido un incremente salarial (29 jonrones, 113 empujas y OPS de 1.114, además de las 9 victorias y un salvamente aportado desde el box) con pretensiones de devengar 15 mil usd.

Jacob Rupert, propietario de los Yankees, hizo entonces la jugada que cambió la suerte de los entonces Mulos de Manhattan y de los Patirrojos del Fenway Park. Por un valor de 25 mil dólares en el primer pago y otros tres por la misma cantidad adquirieron al Sultán del Swing, George Herman Ruth Jr. y a partir de ese momento la historia de las Grandes Ligas se escribió mayoritariamente a rayas.

En los 14 años que “el Babe” militó con la novena neoyorquina ganaron cuatro Series Mundiales y arrastró tanta multitud al Polo Grounds que la franquicia necesitó construir un nuevo estadio con mayor capacidad. Es por eso que se dice que el Yankee Stadium “es la casa que Babe Ruth construyó”. Antes de su llegada los Mulos solo habían logrado un título por lo que su arribo se considera el punto de ruptura en la historia del equipo más ganador de las Grandes Ligas.

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En la otra esquina, los Medias Rojas de Boston que venían de ganar las Series Mundiales del 1915, 1916 y 1918 cayeron en una sequía que se extendió hasta el siglo XXI. A esta mala racha se le conoce como “la maldición del Bambino”, sobrenombre con el que también se le conocía al jugador descendiente de alemanes más exitoso en la historia del béisbol.

Para finalizar, aunque el salón de la fama en Cooperstown fue inaugurado en 1939 como lugar físico, Babe Ruth tuvo el honor de estar en el primer grupo de cinco jugadores que fue exaltado en 1936, por lo que también por allí el nacido en Baltimore estuvo haciendo historia y dejando sus imborrables huellas.

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