Por Yasel Porto

Cuando una persona experimenta un cambio a una sociedad completamente distinta a la nuestra, son muchas las novatadas que pueden pagar cuando falta asesoramiento de quienes te rodean. No pocas veces es más peligrosa esa adaptación si el dinero y la fama son componentes que forman parte de la naturaleza de alguien.

Esa es una de las realidades que más han sufrido varios de los peloteros de la mayor isla caribeña que han emigrado a Estados Unidos, algo que tampoco es intrínseco de la nueva generación que jugadores salidos de la Isla. De hecho, el protagonista de este artículo pertenece a una época anterior en la que hablar de cubanos en el béisbol profesional de Estados Unidos era casi tan inexistente como los dinosaurios en la actualidad.

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Después de su asalto a la gloria en 1984 con su debut en la MLB y el título con Detroit en la Serie Mundial, Barbaro Garbey cometió varios errores de los que él mismo confesó estar arrepentido. Uno de ellos se relacionó con un pasaje acontecido en Miami Beach que le costó ser arrestado y quedarse a un paso de perder su carrera deportiva.

Aquella historia que se regó por toda la prensa norteamericana tal vez fue uno de los motivos que más pesó para que después de 1985 fuera desestimado por los Tigres y el resto de los equipos del llamado “big show”.

“Todo el mundo conoce lo que pasó y yo no me escondo para decir la verdad sobre eso. Eso no me da pena porque fue otra etapa de mi vida”, comenzó diciéndome el exjardinero y tercera base natural de Santiago de Cuba en entrevista que le realicé para mi espacio nocturno en la plataforma de YouTube de Swing Completo.

“Mi prima murió y yo tuve que ir a Miami al funeral. En medio de todo aquello me fui un día de casa de mi prima, y tenía encima dinero embarrado con un poco de cocaína. Un policía me paró y cuando traté de sobornarlo se dio cuenta que lo que tenía el billete y ahí mismo se complicó todo. Me llevó detenido para la estación y ahí mismo se formó tremendo escándalo que parecía que yo era el jefe del cartel de Medellín».

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El jugador que llegó a ser figura destacada de Industriales y hasta de la selección nacional a mediados de los setenta, señaló que su detención fue bien temporal tras ser liberado bajo fianza al día siguiente. «Ni a juicio fui, porque lo único que me pusieron fue una multa como algo normal que le podía haber pasado a cualquier joven de aquel tiempo. Era mucha la libertad y se percibía menos el peligro por la cantidad de libertades».

Garbey consideró que el citado problema con la policía y las drogas no motivó a la organización de Detroit a cerrarle las puertas después de la campaña de 1985, pues las causas pasaron más bien por un componente netamente deportivo.

El jugador que emigró de Cuba en 1980 por el puerto del Mariel, tuvo una tercera temporada en las Mayores en 1988 con los Rangers de Texas sin que su rendimiento se acercara ni remotamente a lo que consiguió en su año de debut en este nivel supremo. Después de eso solo consiguió trabajo en la pelota profesional mexicana y años después de su retiro como jugador activo se vinculó en Detroit como entrenador. Todavía hoy se mantiene ligado a la pelota en este rol.

Suspendido en Cuba por su relación directa con los apostadores, ni siquiera esto último lo considera más reprochable que las inmadureces vividas en Estados Unidos. “Si pudiera echar el tiempo atrás trataría de tener un mejor comportamiento en esos primeros años que viví dentro de esta sociedad. Yo no tenía ningún guía aquí y era más difícil que ahora donde es un poco menos difícil, incluso con la presencia de muchos peloteros que llegaron antes y los pueden ayudar”, dijo Garbey.

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«Las distracciones fuera del terreno fue lo que impidió que yo tuviera una carrera más larga y exitosa en Grandes Ligas. Después cuando empecé a trabajar como coach fue que empecé a comprender mejor esas cosas».

No cabe dudas que éste ha sido un fenómeno bastante habitual entre peloteros que emigran desde Cuba y otros países latinos. Y no solo es la cuestión de las drogas, sino que en este choque cultural incentivado por el cambio brutal en lo económico han entrado a jugar otros problemas como la violencia de género, la pérdida de dinero por malas inversiones en negocios, casas, carros, etc., y otro tipo de situaciones que han influido en el aspecto deportivo.

Esa es la razón por la cual muchos abogan a la MLB y a los equipos que la conforman que muchos de los extranjeros que llegan a las Grandes Ligas puedan tener a su lado a una persona que se encargue de asesorarlos en todo lo que se relacione con ellos más allá del terreno de juego. De esa forma las malas experiencias vividas por Garbey y por otros como Liván Hernández, Héctor Olivera o Yasiel Puig no se tengan que repetir otra vez.

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