Por Álex Fernández Fernández

Los fanáticos de New York se rindieron a sus pies cuando terminó aquel juego contra Arizona 6×4, a favor de los locales. Era en el mismísimo Yankee Stadium. Todos se reunieron en el box para felicitarlo tras aquella proeza que dejaba detrás lo logrado por Trevor Hoffman.

Fue el último al que se le permitió usar la número 42 del imborrable Jackie Robinson. Luego de su retirada nadie más pudo tener esa combinación de dígitos en la espalda: mezcla de grandeza y legado.

En 2019 cuando se reunieron escritores, peloteros, y prensa especializada para definirlo como un hall of fame, no hubo dudas. Fue unánime lo de su entrada a Cooperstown. La única, por cierto, que se ha visto de esa forma parcial.

Nadie apagó más el fuego del rival que el panameño divino. Ese que en mil 283 entradas en su carrera en Nueva York dejó un promedio de carreras limpias de 2.21, cifras que hoy reposan en cinco anillos de Serie Mundial.

Con 52 años de vida, los amantes al béisbol le recuerdan, y su Panamá querido igual. Con la selección nacional no estuvo en Clásicos Mundiales por situaciones ajenas a su voluntad, pero llevó siempre con orgullo la condición de panameño. A él, por su gigante trayectoria también le rinde tributo Swing Completo.

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