Martín Dihigo, inmortal hoy y siempre

February 16, 2021
Hoy, en tiempos de oscuridad, solo podemos traer de vuelta la imagen de Martin Dihigo y entonces volver a aplaudir.

Por Alexander García

Otra vez el silencio y sigo sin entender el porqué, más cuando se trata de alguien como él, como Martin Dihigo, El Inmortal.

A comienzos de este mes de febrero se cumplió otro aniversario de la entrada de Dihigo al Salón de la Fama de Cooperstown y en esta oportunidad, solo breves esquelas en los medios y algunas reseñas en las redes sobre el suceso volvieron a rescatar de las penumbras la imagen del legendario Don Martín.

Sin discusión hablamos del considerado por muchos como el mejor pelotero cubano de todas las épocas y su figura se enaltece a diario, más allá de su dimensión como atleta; pues al indagar en particularidades de su vida, se puede conocer sobre su condición de masón y de abakua ; tal vez esto explique una parte de la poca difusión sobre su figura en los medios oficiales.

En este punto, al indagar en varios textos y archivos de internet, con solo ubicar en el buscador, Martín Dihigo y la masonería, o Martín Dihigo y AJEF: se puede constatar que Dihigo fue uno de los grandes promotores de la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad, AJEF por sus siglas; una agrupación nacida en el convulso período de los años 30 del pasado siglo y que  buscaba reestructurar las bases de las logias masónicas en función de los jóvenes.

De hecho, Martín Dihigo es considerado el principal promotor del ajefismo en México, a raíz de su llegada a ese país para jugar con las Aguilas de Veracruz. Al día de hoy en esa ciudad todavía existe la Logia Benito Juárez fundada en aquellos años tras la llegada de Dihigo y en la web de la institución se puede leer al respecto.

Según el criterio de varias fuentes, el Ajefismo y AJEF fueron prohibidos en Cuba después de 1959 y desde entonces sigue siendo un tópico que se ha movido en las penumbras, un tema poco abordado, debido al secretismo aun imperante y por ende a las pautas dictadas por la fraternidad.

El punto hoy no es si Dihigo fue grande o no, pues eso está claro, fue el mejor, el más grande de todos los cubanos que pisaron un terreno de pelota; el punto hoy es porque todavía su figura permanece oculta y se trata con pinzas, solo resaltando su labor como atleta y sus posturas políticas allá por los años 40 y 50 del pasado siglo, cuando criticaba como comentarista deportivo la corrupción y buena parte de los males imperantes en la época.

Aquí en este aspecto, hay que agradecer como fanáticos y amantes del beisbol a la Peña Martín Dihigo que ha logrado reivindicar a la figura de El Inmortal, detallando en aspectos poco conocidos de su vida, además de dar cobertura a temas deportivos en general.

Quizás su grandeza se magnifique mucho más por su sencillez, por esa humildad, por poner por encima el amor a Cuba, sus principios morales; por eso prefirió terminar sus días allá al interior de la provincia de Cienfuegos, como uno más, como otro de esos tantos de a pie, ¡Grande fuiste maestro!

Hoy, en tiempos de oscuridad, solo podemos traer de vuelta la imagen de Martín Dihigo y entonces volver a aplaudir.

Nos vemos a la vuelta.

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