Indiscutiblemente, Luis Giraldo Casanova no solo es uno de los sluggers más grandes del beisbol cubano, sino que está entre los jugadores más queridos y admirados en todos los rincones de la Isla, sin importar regionalismos deportivos.
Del “Capitán” (como le llaman) se han contado tres océanos de anécdotas gloriosas y viñetas simpáticas. Sin embargo, fueron tantos los episodios que protagonizó a su paso por los diamantes beisboleros, que a menudo aparecen nuevos relatos ilustrativos de su talento para el juego.
Este es el caso. Lo que sigue son cuatro historias inéditas sobre Luis Giraldo Casanova contadas a Swing Completo por un exárbitro, un antiguo compañero de equipo, un entrenador destacado y un amigo de toda la vida.
Juan Rodríguez (casi tres décadas impartiendo justicia en el beisbol cubano)
Estando en Pinar del Río para un juego muy importante, salgo del cuarto de los árbitros hacia el terreno y por el camino me encuentro a Casanova con los ojos tan rojos que parecían tomates maduros. Él estaba en la alineación, lógicamente, y me dijo con la lengua enredada y casi tartamudeando “dame un minuto, que ya voy para allá”. Le contesté: “Capitán, hoy sí que estás matao”, y enseguida replicó: “Ná, déjame eso a mí”. Al poco rato dio un jonrón y dos tubeyes. La verdad es que ese fue de los grandes, grandes.
Yobal Dueñas (14 Series Nacionales con los representativos pinareños)
En mi primera subserie con el uniforme de Vegueros, recuerdo que dormíamos en los albergues del estadio, que estaban por la parte de primera base. Entonces un día vi que Casanova se metió debajo de una sábana, prendió un tabac0, lo viró al revés y le echó humo. Después, ya en el terreno bateó de 4-3 con dos jonrones frente a Forestales. Entonces yo quise hacer lo mismo con un tabaco y como no sabía fumar, me emborraché.
René Bello (alrededor de 20 años dirigiendo y entrenando en Cuba)
Por la época que se jugaba sencillo el sábado y doble el domingo, parece que Casanova se iba de parranda después del primer juego porque al día siguiente aparecía con el rostro muy desencajado. Resulta que hubo un encuentro que los de la capital íbamos ganando 4x3 en el octavo, y Pinar llenó las bases con Casanova al bate. Entonces algunos jugadores nuestros le empezaron a gritar desde el dugout en son de broma, y Jorge Trigoura los paró de inmediato: “No le griten que lo espabilan”. Pero ya era tarde. El hombre metió un palo descomunal a la segunda sección de gradas, y Trigoura repetía: “Se los dije, déjenlo dormido, caballero”.
Jacinto Carcedo (amigo de Casanova desde los años setenta)
A fines de la década del ochenta yo me enfrasqué en convencer a Casanova de que hiciera ejercicios con pesas. Pero a él nunca le gustó eso. Cada vez que le hablaba del tema, se negaba y un día que iban a jugar Vegueros contra La Habana, me le aparecí en su antigua casa del “Calero” con un par de dumbles. “Capitán, esto es para que hagas unas tandas de bíceps y tríceps para el juego de hoy”, le dije. Su respuesta fue invitarme a tomarnos la botella que tenía abierta.
“Te veo esta noche en el estadio cuando se acabe el juego”, me dijo tras el último buche. Unas horas después, en el primer inning la metió contra uno de aquellos carteles donde se leía “El Deporte, Derecho del Pueblo”, y en el octavo mandó la pelota al bullpen. Ganó Pinar, y al salir a buscarlo en el dugout me estaba esperando con una sonrisa. “Mira Carcedito, el primero fue por el bíceps y el segundo por el tríceps. A mí no me hables más de pesas”.
¿Quién es Luis Giraldo Casanova?
Nacido en Pinar del Río el cinco de diembre de 1956, el talento descomunal de Luis Giraldo Casanova estremeció el beisbol cubano durante poco menos de veinte años.
Figura de las selecciones de Vegueros y el Equipo Cuba, el ‘14’ podía desempeñarse con acierto en cualquier posición (excepto la del pitcher) y disponía de las cinco herramientas que definen a los extraclase.
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