Los Miami Marlins tocaron fondo el 25 de julio de 2026. La derrota 7x2 ante los San Diego Padres significó su undécimo revés consecutivo, igualando la peor racha negativa en la historia de la franquicia, un registro que solo había ocurrido previamente en 1998 y 2011.
Lo más llamativo es que hace apenas dos semanas el panorama era completamente distinto: el equipo había llegado a ganar 16 de sus últimos 18 compromisos como local y se había metido de lleno en la pelea por un puesto de comodín. Sin embargo, en cuestión de días todo cambió.
La ofensiva desapareció en los momentos decisivos
El primer gran problema ha sido la incapacidad para producir carreras cuando realmente importa. Aunque Miami no ha sido ampliamente superado durante esta racha, el bateo ha fallado constantemente con corredores en posición anotadora.
Un dato resume perfectamente el problema: 10 de las 11 derrotas consecutivas llegaron por tres carreras o menos, reflejando que los encuentros han sido competitivos, pero los Marlins no han sabido cerrar ninguno a su favor.
Paradójicamente, la rotación no ha sido la principal responsable del desplome. Lanzadores como Eury Pérez han entregado aperturas de calidad que terminaron sin respaldo ofensivo. Incluso durante la serie en Milwaukee, Pérez permitió apenas una carrera y ponchó a nueve bateadores, pero el bullpen desperdició la ventaja en el noveno inning con un jonrón de tres carreras de William Contreras.
Es un patrón que se ha repetido durante la mala racha: buenas actuaciones de los abridores que terminan sin recompensa debido a la falta de carreras o a un relevo que no logra conservar ventajas.
Los detalles están marcando la diferencia
La racha también evidencia un aspecto mental. Miami Marlins no está perdiendo por palizas. Está perdiendo juegos que llegan empatados al séptimo, octavo o noveno inning.
Eso habla de un equipo que mantiene el nivel competitivo durante gran parte del encuentro, pero que falla cuando necesita el batazo oportuno, el relevo dominante o la jugada defensiva decisiva. En otras palabras, la confianza construida durante las semanas anteriores desapareció rápidamente.
La rotación sufrió modificaciones importantes tras la lesión de Max Meyer, obligando al club a reorganizar su cuerpo de lanzadores y utilizar brazos del bullpen como abridores ocasionales. Esa inestabilidad aumentó la presión sobre un relevo que ya estaba acumulando mucho trabajo.
Lo más preocupante para los Marlins no es únicamente haber igualado la peor racha de su historia, sino la velocidad con la que pasaron de ser uno de los equipos más calientes de la Liga Nacional a quedar fuera de los puestos de postemporada. Hace apenas unas semanas parecían un candidato serio al comodín; hoy luchan simplemente por detener una caída histórica.
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