Cuando los New York Mets decidieron despedir a Carlos Mendoza en plena temporada 2026, el mensaje fue claro: era necesario provocar un cambio inmediato en un equipo construido para competir por la Serie Mundial. Sin embargo, casi un mes después del movimiento, la realidad es contundente. Bajo el mando del manager interino Andy Green, la organización apenas registra un récord de 9-14, una marca que evidencia que el relevo en el dugout no ha solucionado ninguno de los problemas estructurales que arrastra la franquicia.
El despido de Mendoza llegó cuando los Mets acumulaban un récord de 34-47, último lugar de la División Este de la Liga Nacional y en medio de una racha negativa que había terminado por agotar la paciencia del propietario Steve Cohen y de la gerencia encabezada por David Stearns. La expectativa era que un nuevo liderazgo revitalizara al clubhouse, pero los resultados indican exactamente lo contrario.
Las estadísticas avanzadas reflejan que el problema permanece
El récord de 9-14 no es producto de la mala suerte. Los indicadores avanzados muestran que los Mets siguen siendo un equipo con profundas deficiencias tanto ofensivas como defensivas.
Durante este tramo posterior a la salida de Mendoza, la ofensiva continúa produciendo por debajo del promedio de MLB. El equipo mantiene un OPS colectivo ubicado entre los peores de la Liga Nacional, mientras que su producción medida por wRC+ permanece por debajo de 100, lo que significa que generan menos carreras que un equipo promedio ajustando por parque y contexto.
Además, el porcentaje de embasado (OBP) sigue siendo inconsistente, obligando a que figuras como Juan Soto o Francisco Lindor tengan muy pocas oportunidades de producir con corredores en posición de anotar. El slugging colectivo tampoco ha mostrado una mejoría significativa, reduciendo la capacidad del club para fabricar carreras mediante el poder.
En el pitcheo ocurre algo similar
Antes del despido de Mendoza, los abridores registraban una efectividad cercana a 4.90, una de las peores entre todos los equipos de Grandes Ligas. Tras el cambio de manager, la rotación continúa permitiendo contacto de calidad, mientras que métricas como el FIP (Fielding Independent Pitching) y el xERA (Expected ERA) siguen indicando un rendimiento inferior al esperado para una nómina con el mayor presupuesto del béisbol.
Los Mets continúan ubicándose entre los equipos con mayor cantidad de errores defensivos, situación que también se refleja en métricas avanzadas como Defensive Runs Saved (DRS) y Outs Above Average (OAA), donde el rendimiento colectivo permanece por debajo del promedio de la liga. Cada carrera extra concedida aumenta la presión sobre un cuerpo de lanzadores que ya ha mostrado poca capacidad para dominar a los rivales.
Cambiar al manager nunca fue suficiente
Resulta tentador responsabilizar exclusivamente al dirigente cuando un equipo con una nómina superior a los 350 millones de dólares decepciona de esta manera. Sin embargo, los resultados posteriores al despido de Mendoza dejan claro que el venezolano no era el principal responsable de la crisis.
El béisbol moderno ha demostrado que el impacto de un manager suele ser limitado cuando la construcción del roster presenta deficiencias importantes. Las decisiones estratégicas pueden influir en determinados encuentros, pero ningún dirigente puede corregir un lineup que produce por debajo de su talento esperado o una rotación que constantemente pierde ventaja en las primeras entradas.
Incluso durante la gestión de Mendoza, varios análisis señalaban que las lesiones, el bajo rendimiento de múltiples figuras y la inconsistencia ofensiva eran factores mucho más determinantes que las decisiones tomadas desde el dugout. La directiva defendió esa postura durante buena parte del año antes de finalmente optar por el despido.
Una inversión histórica con resultados decepcionantes
El caso de los Mets adquiere todavía mayor relevancia considerando el enorme gasto realizado por Steve Cohen.
La organización comenzó la temporada con la nómina más alta de las Grandes Ligas, incorporando talento de primer nivel con el objetivo de competir inmediatamente por el campeonato. Sin embargo, el rendimiento colectivo está muy lejos de justificar semejante inversión.
Las métricas de eficiencia muestran una preocupante diferencia entre el dinero invertido y las victorias obtenidas. De hecho, diversos análisis ya catalogan la temporada de los Mets como una de las menos eficientes en la historia reciente del béisbol, considerando la relación entre gasto salarial y resultados deportivos.
¿Qué sigue para Nueva York?
El récord de 9-14 desde la salida de Carlos Mendoza confirma que el cambio de manager no produjo el efecto esperado. Andy Green ha mantenido prácticamente el mismo rendimiento que tenía el equipo anteriormente, mientras las estadísticas avanzadas continúan reflejando problemas ofensivos, un pitcheo inconsistente y una defensa incapaz de generar carreras salvadas.
Más que buscar un nuevo líder en el banquillo, los New York Mets deberán replantear la construcción completa del roster si desean volver a competir en la Liga Nacional. El talento individual existe, pero los números demuestran que el conjunto está funcionando muy por debajo de su potencial.
Al final, el tiempo parece darle parcialmente la razón a Carlos Mendoza. Su salida fue el movimiento más visible, pero los 23 partidos posteriores dejan una conclusión difícil de ignorar: el verdadero problema de los Mets nunca estuvo únicamente en el manager.