Hace unas semanas, cuando a Shohei Ohtani se le preguntó si Dodgers deberían forzar su regreso al montículo, respondió con una frase que en su momento pasó casi desapercibida: "La conversación sería un poco diferente si estuviéramos en agosto o septiembre". Hoy, con el calendario marcando agosto, esa frase deja de ser una hipótesis y se convierte, a mi juicio, en el mejor termómetro de hacia dónde va esta historia.
No lo digo con alarmismo, sino con la lectura fría de los datos: Ohtani no lanza en un juego oficial desde el 3 de julio. La inflamación en su rodilla izquierda arrastra desde junio, y lo que empezó como una molestia menor terminó generando un problema secundario en el bíceps derecho, producto de la compensación mecánica al intentar aliviar el dolor en la pierna. Cuando un cuerpo empieza a compensar una lesión con otra, normalmente es señal de que algo más profundo necesita tiempo, no parches.
Lo que dicen quienes deciden
Dave Roberts, manager de Dodgers, ha sido honesto sobre el dilema de fondo: "¿qué tan sostenible es sin quitarle un poco de carga?", se preguntó sobre el rol bidireccional. Es una pregunta retórica, sí, pero también una admisión: ni el propio cuerpo técnico tiene certeza de cuánto más puede exigírsele a un solo hombre haciendo dos trabajos de élite a la vez.
Andrew Friedman, presidente de operaciones de béisbol, ha intentado bajarle el tono a la preocupación por el bíceps, asegurando que "si no fuera por la rodilla, estaría lanzando ahora mismo". Entiendo la intención de calmar las aguas, pero esa misma frase confirma, sin quererlo, que hay al menos un problema físico real bloqueando el regreso, no solo cautela preventiva.
El antecedente que nadie menciona lo suficiente
Hay un dato que, para mí, pesa más que cualquier declaración: esta no es la primera vez que esa rodilla falla. En 2019, Ohtani fue operado por una rótula bipartita en esa misma articulación, una condición que, según reportes médicos, tiende a agravarse con el aumento de intensidad en el trabajo desde el montículo. Que el problema reaparezca justo cuando su carga como lanzador alcanza su punto más alto desde la cirugía de codo de 2023 no me parece coincidencia, sino un patrón.
Mi lectura ante el caso
Antes de la lesión, Shohei Ohtani firmaba una temporada de pitcheo digna de Cy Young: 8-2, con 1.79 de efectividad y 95 ponches en 85.2 entradas. Eso hace más doloroso el freno, pero no cambia mi conclusión: cuando un equipo con aspiraciones de tricampeonato empieza a hablar de "sostenibilidad" y "cuidar la rodilla" en pleno agosto, sin fecha de regreso, no está describiendo una pausa táctica. Está, en los hechos, empezando a decidir —aunque no lo diga en voz alta— que el bateador importa más que el lanzador de cara a octubre.
No creo que esto signifique el final absoluto del Shohei Ohtani bidireccional. Pero sí creo que estamos presenciando el primer año en que los propios Dodgers, con sus decisiones y no con sus palabras, empiezan a tratarlo como lo que probablemente termine siendo: un bateador élite que ocasionalmente lanza, y no al revés.