Aroldis Chapman… el mejor de la historia

A sus 32 años, Chapman ya camina por la senda de los grandes, su vida, su trayectoria hablan por sí sola, es como un libro, como una película de Oscar.

A sus 32 años, Chapman ya camina por la senda de los grandes, su vida, su trayectoria hablan por sí sola, es como un libro, como una película de Oscar.
A sus 32 años, Chapman ya camina por la senda de los grandes, su vida, su trayectoria hablan por sí sola, es como un libro, como una película de Oscar. (Web Screen Shot)

Por Alexander García

   ¿Aroldis Chapman es el mejor lanzador cubano de la historia? Primero la pausa, luego el asombro, la especulación, el miedo, el optimismo… Parece loco o imposible, pero no; es así o al menos puede ser así.

   Unos hablan enseguida de Luis Tiant, otros de Orlando Hernández, de Contreras, de Lazo, de Luque, del gran Conrado Marrero y los más escépticos miran hacia la Gran Manzana, hacia Nueva York, miran el uniforme a rayas y piensan que sí, que es posible. ¡Chapman es el mejor y su leyenda sigue creciendo!

   Lo que un día pareció empezar como un sueño cualquiera: un chico desgarbado, alto, muy flaco, un chico así con cara de niño, inmenso pero con cara de niño; salía tirando 98-99 millas en el estadio Calixto García, todos comentaron, endiosaron, luego empezaron a criticar: «¡Muy descontrolado!», «¡Le faltan libras!» Esto y aquello, las mismas minucias de siempre: «¡Lo mismo de Maels Rodríguez!» Y es que, en materia de pelota y en Cuba, todos se creen que tienen la última palabra y en ese entonces no era diferente.

   Llega el 2009 y en el segundo Clásico Mundial, Aroldis Chapman era el «arma secreta de Higinio Vélez» y el equipo Cuba, sale ante Australia sosteniendo 100 y 101 millas por hora. Luce bien, imponente, todos aplauden, ríen, el juego lo decide el gordo Peraza con jonronazo pero en la calle de lo que se hablaba en cada esquina era de Chapman.

   Su destino parecía marcado, todo apuntaba hacia las Grandes Ligas, el primer nivel, el Big Show, el mejor béisbol del mundo; después de aquel mes de marzo de 2009, durante un evento en Holanda, la huella de Chapman se pierde hasta volver a aparecer tocando a las puertas de los Rojos de Cincinnati; los hechos superaban a la ficción, Adolfo Luque, la Maquinaria Roja, Barry Larkin, leyendas, historia, la gloria ahí al alcance de la mano… Entonces todo empezaba.

   El 10 de enero del 2010, Aroldis firmaba su contrato con los Reds, poco más de 25 millones de dólares por seis años y luego de mostrarse intransitable en Ligas Menores, el 31 de agosto de ese mismo año, durante una subserie ante los Cerveceros de Milwaukee, Chapman hace su debut en MLB, logrando sostener en esa entrada envíos de hasta 103 millas. Con solo nueve lanzamientos, el holguinero resolvió la situación y al caminar hacia el banco, miró arriba, luego enfiló al frente, rió, rió con ganas… estaba en el momento y el lugar indicados.

   Ahora no digo que Chapman es el mejor de la historia por su anillo de Serie Mundial en 2016, ni por sus más de 200 juegos salvados, ni por su legado en los Yankees, pues si hoy muchos piensan en un nuevo anillo para la franquicia es gracias a Aroldis y a la seguridad que aporta en cada salida. En un punto, puede ser por todo esto pero no, creo que es más, mucho más, su figura imponente vuelve a emerger allí en lo más alto del diamante del Yankee Stadium y eso lo dice todo.

   A sus 32 años, Chapman ya camina por la senda de los grandes, su vida, su trayectoria hablan por sí sola, es como un libro, como una película de Oscar. La vida sigue y lo mejor es que apenas comienza. Con más énfasis: ¿Será o no el mejor?

   Nos vemos a la vuelta

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