Ernesto Puñales, el villaclareño que regresó de Estados Unidos a jugar con su provincia ofrece disculpas

Ante la interrogante de si retomaría la intención de volver a jugar en Cuba Ernesto Puñales no tuvo respuesta. Se despidió diciendo: «No sé lo que me traiga el futuro, soy naranja de corazón y está en mi sangre voy a seguir jugando pelota hasta que pueda»

Ante la interrogante de si retomaría la intención de volver a jugar en Cuba Ernesto Puñales no tuvo respuesta. Se despidió diciendo: «No sé lo que me traiga el futuro, soy naranja de corazón y está en mi sangre voy a seguir jugando pelota hasta que pueda»
Ante la interrogante de si retomaría la intención de volver a jugar en Cuba Ernesto Puñales no tuvo respuesta. Se despidió diciendo: «No sé lo que me traiga el futuro, soy naranja de corazón y está en mi sangre voy a seguir jugando pelota hasta que pueda» (web screen shot)

Por Darien Medina

   El nombre del lanzador Ernesto Puñales comenzó a ser familiar para la afición cubana y en particular para la villaclareña en la temporada pasada cuando fue anunciado como miembro del equipo de Villa Clara, tras su retorno a Cuba luego de su salida del país en el 2004 y de haber tenido experiencia en el béisbol de Estados Unidos en varios de sus niveles.

   Finalmente fue el único jugador que regresó para formar parte del equipo de béisbol de la central provincia, cuando se rumoreaba de un posible retorno de Yuniesky Betancourt, lo cual nunca se materializó.

   En definitiva Puñales no pudo participar en la Serie Nacional con el equipo de Villa Clara por motivos que aclara en esta entrevista concedida a SwingCompleto y donde nos detalla varios aspectos de su vida, entre ellos su amistad con el desaparecido lanzador José Fernández, además de las posibilidades de un regreso al béisbol cubano.

   Ernesto Puñales comenzó en la pelota a la edad de cuatro años en el estadio Natilla Jiménez de Santa Clara. Durante su infancia no encontró más placer entre sus juguetes que en un bate y un guante. «Desde que comencé me destaqué mucho, siempre estuve jugando en una categoría mayor a la mía, en la 9-10, fue donde comenzó la amistad con José Fernández, nosotros lo llamábamos por su segundo nombre: Delfín», plica Puñales.

   En aquellos momentos, Ernesto comenzaba su primer año dentro de la categoría mientras que para Fernández era su último, pero esa diferencia no fue el único motivo que despertó su admiración hacia una naciente estrella. «No había nadie en el Natilla Jiménez como él, su estatura, la fortaleza, la velocidad de sus lanzamientos, los jonrones que conectaba, siempre ese terrenito le quedó chiquito,  era increíble como alguien de esa edad podía hacer esas cosas. Siempre estaba bromeando, era su manera de ser. Yo quería ser como él», confiesa.

   La calidad del desaparecido jugador y estrella de Miami Marlins todavía sigue guardada en la memoria de Ernesto Puñales, quien lo recuerda con admiración y nos cuenta que «un día que el Sandinito estaba lleno, cuando él venía a batear la gente se subía arriba de la cerca para coger los jonrones que daba desde el batintín, pero las palabras que nunca se me olvidan eran cuando decían: “Cuidado caballero que ahí viene Delfín, ahí viene el jonrón”.

   La amistad que comenzó en ese terreno de niños en su provincia natal continuó a la llegada de Fernández a los Estados Unidos luego de un tiempo sin comunicación.

   Ernesto salió de Cuba en 2004 cuando sus padres obtuvieron la visa mediante la lotería. Entonces, su carrera comenzaría en un nuevo escenario donde por un largo período tuvo que debatirse entre ser jugador de posición o lanzador.

   Dentro del nivel escolar High School inicia el 9no grado en la escuela Miami Lakes en Hialeah luego de su paso por las Pequeñas Ligas. No tuvo un primer año de mucha participación a la ofensiva  dentro de Varsity, el equipo de mayor categoría dentro de la institución.

   Un año después cuando cursaba el 10mo grado cambia de centro  educacional hacia Champagnat Catholic School donde durante dos años comenzó a mostrar un mayor rendimiento al ser regular en el campo corto y desempeñarse como cerrador en los juegos más importantes.

   En ese momento descubre en su brazo una herramienta poderosa, además de la defensa, dos elementos que comenzaban a sobresalir por encima de su ofensiva.

   «La competencia era buena, jugaba mucho contra la escuela de Brito donde estuvo Manny Machado. Después de esos dos años regreso a la escuela donde cursé el 9no y allí empecé a pichear más y jugué menos como torpedero. Hice de abridor y jardinero central, ya el brazo era lo más importante que tenía, aunque tuve un buen año como bateador, de hecho uno de los mejores en los cuatro de High School», asegura.

   En el último año de ese nivel recibe por primera vez en la historia de su escuela el premio de MPV, como lanzador y jardinero central, su actuación a la ofensiva tuvo un promedio final de 386 mientras en la función de lanzador ganó tres partidos y salvó 5. En ese entonces recibió más de cinco ofertas colegiales.

   Tras concluir esa etapa aceptó una beca universitaria de dos años  en el estado de Nebraska en la categoría NJCAA. «Elegí esa escuela porque se jugaba con bate de madera y podría ver mis resultados después de dos años y pasar a una universidad por cuatro más y también porque asumían todo tipo de gastos en ese período. Pero la razón más importante fue que el entrenador me quería en el campo corto y yo no deseaba pichear ni jugar en el jardín central; solo me veía como un torpedero y nada más», explica.

   No tuvo un buen inicio a la defensa por lo que recibió pocas oportunidades dentro del campo corto, mientras su ofensiva se encontraba en un buen momento. Fue movido entre la 3ra y 2da base en la búsqueda de la posición que lo ayudara a la defensa y finalmente terminó en la antesala con promedio de 287, ocho dobles y dos triples.

   Al siguiente año no comienza jugando y recibe una oportunidad como cerrador luego de que un miembro del equipo sufriera una lesión. Después de las demostraciones realizadas y en particular la velocidad mostrada en sus lanzamientos quedó en esa función en contra de su deseo.

   «Todas las ofertas que tenía eran como pitcher y estaba muy molesto, decido no regresar a la escuela porque no me querían como jugador de cuadro, y no estaba listo para ser pitcher. No quería que nadie me quitara el bate de la mano. Entonces, busqué otras oportunidades, me preparé bien para hacer unos try outs profesionales a los que me habían invitado para jugar en ligas independiente», comenta Puñales.

   Fue invitado a la Academia Extreme Line Baseball luego de que su agente lo presentara ante dos scouts de los Baltimore Orioles: Fred Ferreira y Gustavo Bencin. Se preparó durante un año preparando hasta que recibió una invitación sin contrato a los entrenamientos de primavera extendidos. «En ese campamento estuve muy poco tiempo, después me enviaron para la academia, me dijeron que hablarían con Ferreira, pero nunca recibí la llamada para regresar, no busqué otras opciones esperando respuesta de ellos y ahí perdí un tiempo muy valioso para mí. Entonces tomé la decisión de empezar a jugar en las ligas independientes».

   Su camino dentro del béisbol independiente lo inicia en Independent Baseball League en Tiffin Ohio, con el Tiffin Saints. Toda esa  temporada se desempeñó como torpedero y noveno bate. Después  de ese año por problemas financieros la liga desaparece.

   Lo intentó en varios try outs ante equipos de Grandes Ligas y otras Ligas Independientes pero no tuvo ninguna oferta como jugador de cuadro. En todos los casos en que tuvo una segunda oportunidad ante los scouts fue para desempeñarse como lanzador pero Ernesto Puñales seguía pensando que eso no era lo suyo hasta que no tuvo otra alternativa que decidir. «Un día pensé: “dejo de batear o dejo de jugar pelota, o picheo y juego pelota”. Lo que quería era jugar, no lo hacía por el dinero ni fama sino por levantarme todos los días y poder jugar béisbol que es lo que me gusta. Definí en ese momento empezar a lanzar».

  Su experiencia inicial como lanzador en el béisbol profesional al menos en la nómina la inicia con los Sussex County Miners de la Liga Can-Am en Canadá, no tuvo participación hasta que es movido a la Empire Pro Baseball League con la función de abridor y cerrador para el equipo Puerto Rican Islanders. «Era la primera vez que un equipo puertorriqueño participaba en una liga independiente americana».

   Participó en 17 juegos, con un promedio de limpias de 4.53, le conectaron 46 hits, otorgó 18 bases por bolas y propinó 24 ponches y solo permitió un jonrón, ganó un juego, perdió cuatro y salvó siete. Esos fueron sus números.

   Al final de la temporada, sufre una lesión en su brazo motivada por el agotamiento y recibe la propuesta de dirigir uno de los equipos de la liga, momento que aprovecharía para la recuperación de sus molestias. «Ese año fui el director del equipo New York Bucks en mi primer y único año como director de una liga independiente profesional llevé al equipo a la final, fui nombrado director del año y tuve el mejor récord de la liga».

  Regresar al béisbol cubano fue otro giro en su vida. El mal logrado acuerdo entre la MLB y la Federación Cubana fue el esperanzador motivo que lo trajo de regreso a la Isla. «Iba a cumplir otro sueño que desde niño tenía cuando practicaba en el Sandinito de Santa Clara cuando miraba para el right field y se veían las gradas del Sandino y decía: cuando sea grande me voy a vestir de naranja y voy a jugar allí, porque era lo que veía en la televisión, lo que sentía cuando mi papá me llevaba a los juegos y veía a mi primo Deyvis Díaz vestirse de naranja. Nadie pensaba en las Grandes Ligas todos cuando niños lo que queríamos era jugar en la Serie Nacional con los estadios llenos representando a la provincia».

   Sin ningún tipo de oposición, formó parte de la Serie Provincial de Villa Clara representando a Santa Clara donde ganó tres juegos y perdió uno, posteriormente integró la selección a la serie nacional. ¨Aprendí mucho de varios entrenadores y preparadores con mucha experiencia, tuve la oportunidad de compartir el terreno con muchos jugadores que admiré y otros jóvenes talentos, también varios compañeros con los que había jugado en categorías infantiles. Con la dirección no tuve ningún tipo de problema, José Antonio García que es el actual director fue el líder de la preparación ya que Eduardo Paret no pudo estar presente, todas las cosas fueron positivas gracias a Dios».

   Un día antes del inicio de la Serie Nacional problemas familiares de fuerza mayor obligaron a Ernesto a renunciar a su presencia dentro del equipo y abandonar el país.

   «Me disculpo por la manera que dejé el equipo el año pasado fue por un problema familiar y todos sabemos que la familia es lo primero, le ofrezco disculpas al pueblo, al comisionado Ramón Moré, al director José Antonio García y los entrenadores del colectivo y a todos los que afecté con esa decisión y repito soy naranja de sangre y corazón», explica Puñales.

   En la actualidad se prepara para participar nuevamente con el Puerto Rico Islanders mientras se define si será en territorio de Estados Unidos o puertorriqueño en nivel superior AA. «Es una lástima que haya venido la pandemia y nos haya afectado a todos de esta manera, pero me siento bien, sigo entrenando entre mis posibilidades gracias a Dios y listo para cuando todo regrese a la normalidad».

   Ante la interrogante de si retomaría la intención de volver a jugar en Cuba Ernesto Puñales no tuvo respuesta. Se despidió diciendo: «No sé lo que me traiga el futuro, soy naranja de corazón y está en mi sangre voy a seguir jugando pelota hasta que pueda».

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