Por Yasel Porto

Momentos como el que se vivió este sábado con el retiro del estelar lanzador japonés Daisuke Matsuzaka son los que han convertido al béisbol en algo capaz de trascender las fronteras meramente deportivas. Extraordinaria fue sin dudas la emoción vivida tanto por el jugador como por los miles de fanáticos que estaban en el estadio para despedir definitivamente al hombre que llegó a ser por mucho tiempo el mejor pitcher de todo un país.

La ceremonia de retiro del MVP del primer Clásico Mundial, titular de la Serie Mundial de 2007 y elegido en tres ocasiones al premio Sawamura en Japón, ha sido uno de los grandes acontecimientos del 2021 en la nación asiática donde como pasa en lugares como Estados Unidos, Dominicana, Venezuela, Corea del Sur o Cuba, el béisbol cumple con lo señalado en el primer párrafo del artículo.

Pero entre tantos instantes memorables de la velada en honor a Matsuzaka hubo uno particularmente especial, digno de mantener latente en el recuerdo por lo que representa la figura de Ichiro Suzuki y por la carga sentimental que tuvo ese momento.

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Mientras Matsusaka el mítico número 18 de los Medias Rojas de Boston y los Leones de Seibu estaba en el centro del box aclamado por su público, se produjo la sorpresiva entrada al terreno del mítico Ichiro Sukuzi, lo que provocó que el estadio se viniera abajo literalmente. El reencuentro entre el homenajeado y el japonés más importante que ha jugado en Grandes Ligas fue sin dudas de lo mejor de la noche.

El hombre que se convertirá pronto en el primer nipón en acceder al Salón de la Fama de Cooperstown le entregó un ramo de flores y le dedicó palabras de elogio y agradecimiento a quien fuera su compañero de equipo en aquella selección japonesa que ganó la edición de apertura del Clásico Mundial de 2006, repitiendo posteriormente en la cita de 2009.

Matsusaka desarrolló una brillante trayectoria en la liga profesional de su país en la que actuó entre 1999 a 2006 y luego entre 2015 y este actual año 2021. Su principal equipo fueron los Leones de Seibu aunque en su retorno a su país de origen vistió también el uniforme de los Halcones y los Dragones. En esta temporada tuvo una efímera participación con los Leones con el objetivo centrado únicamente en terminar su carrera con el mismo club de inicio y desarrollo. En Japón dejó registro de 114-65 que pude ser mayor de haberse mantenido allí entre 2007 y 2014.

Pero el nivel supremo de las Grandes Ligas en lo deportivo y lo económico lo hizo viajar a Estados Unidos para demostrar que su grandeza sobre el box en la liga asiática podía tener continuidad en cualquier parte. Su rendimiento con Boston no fue el mismo, y a no ser por su título colectivo en 2007 (15-12) y a una segunda campaña de ensueño con marca de 18-3 y 2.90 de efectividad el resto de su incursión en el mejor béisbol del mundo fue decepcionante en extremo. La mente y el físico nunca fueron una compañía estable para Matsusaka. Finalizó con los Mets de Nueva York en 2014 dejando un resultado de 56-43 con PCL mediocre de 4.45.

De todos modos marcó una época y quitando lo sucedido después de 2009 en Norteamérica, lo hecho en general por el hombre que derrotó en dos ocasiones a la selección cubana (Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y final del Clásico de 2006) le alcanzó para merecer la admiración de muchos japoneses y no japoneses que le reconocen su calidad en un momento tan sublime como el adiós del juego activo.

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