Industriales-Villa Clara: ¿De Clásico qué?

La imagen dejada por Villa Clara en el tercer choque fue de lágrimas, reprochable de todas las maneras posibles.

La imagen dejada por Villa Clara en el tercer choque fue de lágrimas, reprochable de todas las maneras posibles.
La imagen dejada por Villa Clara en el tercer choque fue de lágrimas, reprochable de todas las maneras posibles. (Foto Boris Luis Cabrera)

Por Alexander García 

   De clásico de la pelota cubana, de segundo clásico tal vez, después del Industriales- Santiago, tal vez hasta del tercero, siguiendo al Industriales-Pinar; de clásico de la pelota cubana queda muy poco, pues la pasada subserie entre Industriales y Villa Clara dejo mucho que desear. 

   Al menos yo no vi indicios de esa rivalidad que otrora marcaba cada desafío entre anaranjados y azules. Los partidos se movieron por cauces muy monótonos y solo a ratos destellaba en la pantalla alguna buena jugada a la defensiva o algún arranque ofensivo, pero fue así, a ratos, más allá de la producción con el madero que tuvieron los capitalinos en los finales del segundo juego y luego en el tercero. 

   Esos fueron unos juegos muy calmados, normales, quizás medio apagados por la ausencia del publico, pero en esencia sin nada del otro mundo y digo esto porque debería haber sido de otro modo, de hecho, el duelo entre Industriales y Villa Clara, uno de los clásicos de nuestra pelota paso así, sin penas ni glorias a pesar de ser transmitido por televisión. 

   Puede también que el tema estribe en el hecho de los narradores, pues siempre movieron los hilos de cada partido entre los inventos del manager villaclareño García Oña para fabricar carreras y los deseos frustrados de que Industriales se desbordara a batear.  

   No obstante, pienso que la imagen dejada por Villa Clara en el tercer choque fue de lágrimas, reprochable de todas las maneras posibles, pues desde las dos primeras carreras por el jonrón de Correa, ya parecía que el juego estaba decidido y en los rostros de los peloteros villaclareños se notaba la apatía, tal vez por salir a jugar a las 10 y 30 de la mañana o simplemente por eso, por apatía, por falta de motivación o algo por el estilo. 

   Si bien es cierto lo de las carencias de los Leopardos Azucareros con el madero y también que su pitcheo llegaba maltrecho al último juego de la subserie tras la salida de rotación de Alain Sánchez, si todo eso es real, también lo es la sensación de contrariedad propiciada por la ausencia de ánimo, de esa vibra positiva y la dinámica bien activa que por siempre han caracterizado a los elencos del centro del país. 

   Lo mejor que dejo este enfrentamiento, fue el relevo de Freddy Asiel después de la reanudación del primer choque y no es que demerite la faena de José Pablo Cuesta, pero mantener a raya una tanda como la de Industriales es tarea difícil. 

   En este mismo punto surge otra impresión asociada con el tema central de este texto, la imagen de Villa Clara en ese primer juego fue una bien distinta a las otras y aun no entiendo el porqué. 

   Al final, del clásico solo queda revivir las nostalgias de aquellas finales en 2003, 2004 y 2010, pensar en la figura de Víctor Mesa como timonel, pero hasta ahí, el terreno dio la última palabra. 

   Nos vemos a la vuelta.

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