Murió una de las primeras grandes leyendas de Industriales y las Series Nacionales

Por Yasel Porto

Cada vez quedan menos de esos legendarios peloteros que protagonizaron aquella etapa romántica de los años sesenta dentro del béisbol cubano, la cual fue además el momento de inicio de nuestras Series Nacionales. Uno de los sobrevivientes de aquel béisbol tan especial para tanta gente falleció hace muy poco después de haber batallado durante muchos años contra varias afecciones de salud.

Mencionar el nombre de Urbano González Basanta, «El Guajiro de Catalina de Güines», era decir uno de los íconos indiscutibles de aquellos Industriales que ganaron durante cuatro años consecutivos bajo la dirección de Ramón Carneado, pero también con la calidad suficiente para trascender más allá de su equipo amado y convertirse en uno de los jugadores más importantes de aquel tiempo.

Urbano fue parte de casi todos los momentos trascendentales de esa década del sesenta donde se caracterizó entre otras cosas, por un tacto fantástico que lo convirtió en el bateador con mejor frecuencia de ponches en la historia de la pelota cubana sin importar época alguna.

Aunque jugó un tiempo como tercera base al estelar bateador zurdo se le reconoció sobre todo como uno de los intermedistas más notables que ha jugado en Series Nacionales, quizá superado únicamente por el matancero Félix Isasi entre los que participaron en esos años iniciales de los clásicos amateurs de la Isla.

Junto con Pedro Chávez y Jorge Trigoura conformó el trío ofensivo más respetado de su generación, y unido a otros jugadores de primerísimo nivel como Antonio González, Germán Águila, Santiago Scott, Ñico Jiménez y Eulogio Osorio, más lanzadores de la talla de Alfredo Street, Manuel Hurtado, Santiago «Changa» Mederos, Raúl «Guagua» López y Antonio Rubio, entre muchos más, hicieron invencibles a los azules hasta que se rompió el encanta desde la temporada 1966-67.

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Internacionalmente nunca faltó a la convocatoria del equipo Cuba desde los Panamericanos de Chicago en 1959 y hasta que cerró la década del setenta. Y no solo estuvo siempre sino que lo hizo como titular la mayor parte del tiempo con un rendimiento que lo ubicó entre los líderes ofensivos de la escuadra cubana.

Participó en los Mundiales de 1961, 1970, 1971 y 1972, además de las citas continentales de 1970. También estuvo presente en los Juegos Centroamericanos de 1962, 1966 y 1970. Fue campeón de bateo dentro de la Isla en 1964-65 y tres veces lideró los indiscutibles. En 13 campañas finalizó con un meritorio 287 de average teniendo en cuenta la calidad de la bola y el bate de madera, además de la mayor concentración de pitcheo que lo que vino posteriormente. El mítico número 19 que había sido campeón con Occidentales en la I Serie Nacional de 1962 dijo adiós al juego activo oficialmente en el año 1974.

Después de su retiro a mediados de la década del setente, Urbano tuvo un papel notable como entrenador en la antigua provincia Habana, en lo que hoy pertenece al territorio de Mayabeque. Sobre todo tuvo un aporte de gran peso al desarrollo del béisbol en Güines y en su natal pueblo de Catalina, donde es el mayor ídolo social junto con Antonio «Ñico» Jiménez.

Además de haberse ganado el respeto de la gente por sus resultados deportivos también fue una gente sumamente querida por sus condiciones humanas. Su carácter le ganó el cariño de todo el que se relacionó con él dentro y fuera del terreno de juego.

En los últimos cinco años la salud de Urbano se debilitó considerablemente. Su movilidad se había dificultado considerablemente y también se limitaron muchas de sus capacidades por diversas afecciones de salud que lo habían apartado por completo de una vida normal para una persona de su edad. Tenía al morir 82 años de edad, los cuales había cumplido el pasado 25 de mayo.

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