Pasión por el juego II: Carl Ripken y Raúl Valdés

Cuando hablemos de béisbol, en cualquier época, en cualquier torneo, siempre habrá que hacerle sitio a Carl Ripken Jr y a Raúl Valdés, dos símbolos vivientes de amor por el juego.

Cuando hablemos de béisbol, en cualquier época, en cualquier torneo, siempre habrá que hacerle sitio a Carl Ripken Jr y a Raúl Valdés, dos símbolos vivientes de amor por el juego.
Cuando hablemos de béisbol, en cualquier época, en cualquier torneo, siempre habrá que hacerle sitio a Carl Ripken Jr y a Raúl Valdés, dos símbolos vivientes de amor por el juego. (Web Screen Shot)

Por Alexander García

   Cuando en 2001, Carl Ripken pisaba el Camdem Yards por última vez, no solo dejaba su mítico número 8 y sus más de 3 mil hits, así como sus más de 400 jonrones, dejaba también la marca histórica de juegos jugados de manera consecutiva, 2 mil 632.

   Con Ripken había llegado en 1982 el gran referente para el shortstop, el hombre que revolucionaría la posición hasta ese entonces marcada por las dotes defensivas.

   Los reflujos del tiempo dictan la pauta una vez y en ese 2001, cuando Carl jugaba su última campaña en las Grandes Ligas, por esos avatares del destino, en Cuba, el lanzador Raúl Valdés empezaba su andar en las Series Nacionales.

   Aunque para muchos distanciados e imposible de comparar, las historias de Ripken y Raúl Valdés se conectan en un elemento común, el amor por la camiseta y el diamante.

Ripken

   Cuando Carl cuelga los spikes, su figura ya era una leyenda viva, pues en todo el universo beisbolero, los aficionados sabían que un hombre conocido como Iron Man, era el pelotero con más partidos jugados de manera consecutiva; desde el 30 de mayo de 1982 hasta el 20 de septiembre de 1998, Ripken no dejó nunca de pisar un terreno.

   Esa imagen de Bill Clinton en el Camdem Yards dándole la mano a Carl es memorable, a todo fanático le resulta imposible no emocionarse con el video, con el llanto de Ripken, con la imagen de Lou Gehrig pasando en flashazos, con el llanto de la gente, con los aplausos. En varios documentales está inmortalizado el momento como uno de los más grandes en la historia del béisbol.

   En 1981 había debutado y ya en 1983 se consagraba como jugador más valioso, de hecho fue una pieza clave para los Orioles de Baltimore en la Serie Mundial de ese año ante Philadelphia…

Raúl Valdés

   En sus inicios fue como un fantasma, tiraba muy buenos juegos pero vivía a la sombra de un grande: José Ibar. Con Raúl Valdés en el comienzo fue así, parecía nada pero de pronto fue todo. Salió de ese equipo Habana en busca del sueño, llegó, estuvo de hecho equipos en las Grandes Ligas y al día de hoy sigue dando pelea.

   La historia de Raúl es encomiable, el “Caballo de Hierro” de la pelota cubana, es Raúl Valdés de Cuba, de Republica Dominicana, de Licey, del Escogido, de sus Toros del Este, aún con más de 40 años sigue lanzando y es figura, va a la Serie del Caribe, a los Juegos Panamericanos, cimenta mucho más su leyenda en la LIDOM, en juegos ganados, en ponches, siempre fue así: un peleador.

   Si el paso de Raúl Valdés por las Grandes Ligas no dejó mucho para hablar; cabe resaltar que estuvo en la órbita de buenos equipos, Azulejos de Toronto, Philies de Philadelphia, Mets de Nueva York y Cardenales de San Luis, por solo citar a los referentes; el habanero llegó, estuvo en el primer nivel, no pudo establecerse pero mostró sus dotes. Cuando muchos pensaron que terminaba, Raúl explota la liga en el béisbol japonés con los Dragones de Chunichi.

  Es Raúl Valdés como un dios en Quisqueya, en la Romana, en San Pedro de Macorís. ¡Es un hombre grande!

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Cuando hablemos de béisbol, en cualquier época, en cualquier torneo, siempre habrá que hacerle sitio a Carl Ripken Jr y a Raúl Valdés, dos símbolos vivientes de amor por el juego.

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