Por Dency Milán

Raúl Valdés comenzó la noche del miércoles con 49 victorias en la Liga Dominicana de béisbol (LIDOM).

Sus últimas salidas habían estado coqueteando con lograr su victoria 50, pero no fue hasta este miércoles que su talento se impuso en el Estadio Quisqueya Juan Marichal donde ponchó a 10 bateadores y trabajó por espacio de siete entradas completas, espaciando cuatro indiscutibles,  un pelotazo, un boleto, con más de 100 lanzamientos, para vencer a los Leones del Escogido por blanqueada de 7×0.  

Raúl viene de un año espectacular, cuando en el verano se colgó una medalla de bronce, al participar con República Dominicana en el torneo de béisbol olímpico de Tokio celebrado en el verano de 2021.  

En la temporada 2021-2022 de LIDOM, Valdés jugó con los Toros del Este. ¿Les parecerá jugó? Sí, es porque Raúl Valdés hizo su última aparición con los Toros, pues no clasificaron para la postemporada, aunque Raúl será el pick número uno para los refuerzos en LIDOM sin duda alguna.

En la temporada dejó línea de 2-3, 2,85 de efectividad en 47 y un tercio de entradas de labor, con 41 ponches y 20 boletos. Lanzador que a sus 44 años de edad ha demostrado que es un ganador nato.

En la salida del miércoles aseguró 594 ponches en la mencionada liga, además de ser el octavo lanzador en llegar a 50 victorias en tierras quisqueyanas.

En su noche mágica, lanzó siete entradas por primera vez en el campeonato, segunda vez en la campaña que recetó 10 ponches, pues el 12 de noviembre le hizo lo mismo a los Gigantes del Cibao, pero en seis entradas.

De la tanda de los Leones solo Lolo Sánchez no se llevó un recuerdo de Raúl, en cambio el segundo madero Ricky Aracena se puso goloso y se llevó tres chocolates a su cuenta personal.

Raúl con una carrera exitosa donde quiera que se subiera en la lomita, está a punto de retirarse, pero sin duda su nombre va a quedar por siempre en la LIDOM, como un lanzador excelente y un caballo de batalla. Cuando volvamos a ver a Raúl Valdez encima de una lomita de los suspiros, hagamos una reverencia, porque el habanero ya se ganó el cariño, respeto y admiración de todos los que lo vimos lanzar.

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