Por Yasel Porto

El defensa central del Barcelona Futbol Club Gerard Piqué ha estado en el centro de la polémica buena parte de su carrera. Lo que ha generado el español genera dentro y sobre todo fuera de las canchas lo ha convertido en uno de los futbolistas más mediáticos del mundo.

En el último mes la interminable «novela» tras su ruptura sentimental con la popular cantante colombiana Shakira ha acrecentado aún más la controversia alrededor de la figura del campeón del mundo de Sudáfrica 2010.

Mas todo tiene límites en mi opinión, pues una cosa es cuestionar la vida privada de la gente desde lo digital (que está mal también), y otra muy distinta confundir el periodismo con el acoso con el objetivo de algo exclusivo que termina con un desenlace desagradable. Pero igual eso sirve para «vender», sin importar que en medio de todo eso haya niños que no tienen por qué estar dentro de esa «persecución».

El suceso aconteció esta semana cuando el jugador de 35 años de edad tuvo su primera salida con sus dos hijos luego de la separación con Shakira, y ni eso pudo desarrollarse en total tranquilidad.

Desde que salió de la casa de sus padres y hasta que abordó el avión en el aeropuerto de Barcelona fue seguido por el corresponsal del programa de Univisión «El Gordo y la Flaca» Jordi Martin.

A éste no le bastó solo con grabarlo mientras lo seguía como si fuera alguien que huía por algo mal hecho, sino que lo increpaba constantemente sin cejar su empeño de tener alguna declaración. Y a eso sumarle que en la grabación publicada después incluyó la presencia de los niños sin obtener permiso legal de sus progenitores.

«¿Para dónde vas? ¿Cómo estás?», fueron alguna de las preguntas con las que el central del Barcelona ni se inmutó para responder. Lo único que salió de su boca fue la petición de un poco más de respeto, algo que para nada frenó la intención de su indeseable compañía a pesar de estar de acuerdo con respetarlo.

La situación tuvo su momento más tenso cuando al bajar de las escaleras Piqué y el periodista comenzaron a forcejar con una puerta que el jugador intentó cerrar con total molestia por el entorno que vivía junto a Masha y Milan. Su persecutor lo cuestionó por el gesto y según contó posteriormente le tiró el teléfono y lo insultó bastante. De esto no quedan evidencias, solo su palabra.

El periodista no se conformó con este enfrentamiento y se mantuvo estuvo junto a su objetivo hasta que abordó el avión en el aeropuerto catalán.

Lo llamativo de todo esto es la queja del propio periodista a la actitud de Piqué, que a partir de esto también fue cuestionado por miles de seguidores de este espacio de Univisión 23. De más está decir que la reacción de los presentadores del espacio para el que tributa Jordi Torres fue de criticar duramente la postura del futbolista.

Nadie duda que el experimentado central tenga un carácter complejo, y que muchas de sus acciones más allá del terreno hayan generado el cuestionamiento lógico de muchos. También es real que ser una figura pública trae como consecuencia divorciarse con parte de la privacidad fuera de lo estrictamente deportivo.

Pero igualmente los periodistas deben tener medida, sobre todo en casos como éste en el que hay menores de edad involucrados, sin que ni siquiera eso frene el ímpetu de conseguir una exclusiva y seguir aprovechándose de un asunto sentimental entre dos personas por muy famosos que sean. «Vender» no siempre justifica los medios.

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