Giraldo González no gozó del gancho mediático de Germán Mesa ni la integralidad de Eduardo Paret. Jamás tuvo en sus manos el contrato ligamayorista de Erisbel Arruebarrena y no vistió las selecciones nacionales con la asiduidad de Rodolfo Puente o Pedro Jova. Pero cuando se habla de grandes torpederos en las Series Nacionales, su nombre tiene que salir a relucir.
Un día como hoy, cinco años atrás, el inmenso paracortos pinareño dijo adiós por causa del Covid. Con 63 años cumplidos, su cuerpo no soportó los embates del virus y el beisbol cubano lamentó profundamente aquel deceso prematuro.
El guante fabuloso de Giraldo González
Batear nunca fue su virtud. Se limitó a promediar .256 en 15 clásicos domésticos, con apenas 61 jonrones. Pero cuando Giraldo González iba al campo se transformaba en una aspiradora.
Alguien que fue su compañero de equipo durante muchos años, Luis Giraldo Casanova, declaró a Swing Completo que “Giri" (como le decían) era "un shortstop muy inteligente. En las conexiones hacia delante fue increíble, y hacia el hueco también. No por gusto Salamanca le decía ‘Maravilla González’. Para mí, fue una verdadera eminencia en el campo”.
En una entrevista que este redactor le hizo años atrás, Giraldo González (hombre noble y cordial hasta el delirio) echó mano de su extraordinaria humildad cuando le pregunté por su lugar entre los grandes torpederos del beisbol cubano.
“Por esta pelota han pasado muchos buenos torpederos”, contestó. “Algunos que inclusive son poco mencionados como Rolando Verde y Evenecer Godínez, y fueron estelares. De manera que yo me conformo con que me mencionen entre los diez mejores”.
En una época donde la calidad se desbordaba, Giraldo González logró abrirse espacio para vestir los colores nacionales en eventos como una Copa José Antonio Huelga, los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1982, los Juegos Panamericanos de 1987 y la Copa Intercontinental de Béisbol de ese mismo año.
Giraldo González, la humildad hecha persona
“En mi época -comentó en la citada entrevista- había una entrega y un desinterés superiores. Nosotros jugábamos por la provincia sin pedir nada a cambio. Ahora, con mejores condiciones, los peloteros no dan todo lo que pueden y deben. Siempre me acuerdo de la felicidad que yo sentía cada vez que me daban el jersey de dos colores. Eso era la gloria para mí”.
La imagen que retrató en toda su plenitud la grandeza de Giraldo González quedó resumida en aquel inolvidable saludo a Agustín Marquetti cuando este decidió la Serie Nacional de 1986 con el famoso jonronazo que sacudió a la Isla.
El equipo de “Giri” acababa de perder, pero en medio del dolor él halló fuerzas para felicitar al número ‘40’ de Industriales. Muchos vieron el gesto como una traición, pero Giraldo González jamás lo entendió así.
“Marquetti fue mi ídolo y jugar contra él representó un honor”, sostuvo. “No me arrepiento de haber hecho lo que hice”.
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