Aliet Arzola Lima

“La Máquina” llegó al plato en el tercer episodio con dos corredores a bordo y diferencia mínima (3×2) en la pizarra, situación en la que habitualmente es muy peligroso (promedia .304 y suma 310 jonrones con hombres en base durante su carrera). Sin embargo, el serpentinero boricua José Berríos lo bombardeó con cuatro curvas seguidas y lo puso en conteo de dos strikes sin bolas, al borde del abismo.

Ante ese escenario adverso, Pujols entendió que necesitaba auxilio para sobrevivir y se inventó una jugada inédita de pura picardía. El dominicano se sacó una lujosa cadena dorada de su cuello, que al parecer había reventado, y se la entregó al árbitro principal, Laz Díaz, como una especie de recompensa adelantada si este no lo ponchaba.

El umpire sonrió sorprendido, tomó en sus manos el “presente” de Pujols y lo guardó en su bolsillo, quizás con la promesa de seguirle el juego y hacerse el de la vista gorda ante un lanzamiento dudoso. No obstante, nada de ese fue necesario, porque el estelar inicialista demostró que le sobra maestría y golpeó una sinker (95 millas) de Berríos que pasó de hit al jardín derecho.  

Sin “favores” de ningún tipo, Pujols burló el shift defensivo de los Blue Jays y remolcó la carrera del empate para los Cardinals. Con esta impulsada (21 de la temporada), el dominicano llegó a 2171 en su carrera de MLB y se asentó en la tercera posición de todos los tiempos, solo superado por Hank Aaron (2297) y Babe Ruth (2214).

Después de esto, el partido no tuvo mucho suspenso, porque Toronto atacó sin piedad a San Luis hasta derrotarlos 10×3. Sin embargo, nos queda la interrogante de si Laz Díaz se quedó con la valiosa cadena dorada en su bolsillo o se la devolvió a Pujols, quien al parecer ha encontrado una estrategia para hacer más llevadero su tour de despedida.

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