Por Yasel Porto

La suspensión de peloteros dentro de las Series Nacionales por el tema de las apuestas siempre ha generado mucho debate y controversia. Aunque algunos han asumido su “culpabilidad” en tal sentido otros todavía hoy defienden su inocencia.

De uno de los que forma parte de este último grupo se llegó a decir que había emigrado de Cuba hace algunos años, sobre todo porque perdió casi todo vínculo con el béisbol. Y tampoco se le vio con mucha frecuencia más allá de su zona de residencia en los años más recientes.

Se trata del exjardinero y tercera base Julián Villar, una de las figuras más sobresalientes que tuvieron los equipos habaneros en la década del setenta. Incluso especialistas de la época coinciden que llegó a estar entre los mejores de su posición a nivel nacional.

La primera vez que vi a Villar en persona fue hace muy poco tiempo. Fue en el homenaje que organicé en honor a Rey Vicente Anglada en la Casa de la Cultura del municipio Cerro, a propósito de su despedida definitiva como manager de Industriales. Hubo poco tiempo para dialogar con él y quedamos en un encuentro futuro en su hogar, situado muy cerca de la instalación referida.

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Meses después me personé junto a mi amigo Pablo Enrique en su pequeña residencia que se ubica al final de un pasillo cercano al conocido Parque “Piñera”. Allí nos recibió junto a su esposa, y con ellos compartimos durante largo rato.

De hablar pausado y carácter bien sereno, a causa entre otras cosas de un infarto sufrido hace varios años, Villar abordó disímiles temas del pasado. Y en medio de testimonios que se mezclaban por el lógico impacto del calendario y las afectaciones de salud, también hubo protagonismo para incontables recortes de periódicos que mostraba con orgullo y nostalgia a la vez.

Pero el tema al que más atención le prestó fue al relacionado con su famosa y no menos dolorosa suspensión como jugador activo por la causa esgrimida al comienzo de mi artículo. A él y a una treintena de peloteros capitalinos en su mayoría casi absoluta los inhabilitaron de jugar béisbol organizado a partir de 1978. A diferencia de lo que sucedería cuatro años más tarde, la implicación en la venta de juegos solo trajo consecuencias deportivas.

Villar y el resto pasaron solo unos días bajo proceso de instrucción. Luego de ser encontrados culpable de juego ilícito se les comunicó que no podrían pisar un terreno de béisbol por tiempo indefinido. Muchos de este grupo se sumaron a la emigración masiva que aconteció en 1980 por el puerto del Mariel, aunque solo tres de ellos pudieron firmar como profesionales en Estados Unidos (Bárbaro Garbey fue el que más lejos llegó).

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Por cierto, que en esa misma temporada que lo hallaron culpable de venderse a los apostadores fue el máximo productor de hits de la Serie Nacional (72) en la que Industriales quedó a juego y medio de la corona alcanzada por Vegueros.

Según Julián y su esposa, fue una sanción inmerecida en su contra, porque jamás le faltó a la honestidad dentro del campo deportivo ni a su sentimiento por la tierra que lo vio nacer. “Ni vendí juegos ni me fui de Cuba como dijeron muchos. No entiendo por qué me enredaron a mí en todo eso porque ya con 36 años en ese momento para lo que yo estaba era para jugar tres o cuatro temporadas más y retirarme”, me dijo el veterano casi llorando.

“Yo jugaba con el equipo de la Pesca en la Serie Provincial y es real que varios de los que estaban ahí después coincidieron en la Serie Nacional y la Selectiva y sí estaban vendidos, según sus propias palabras. Pero eso no quiere decir que por estar juntos en los mismos equipos yo haya sido igual que ellos. Ese es un dolor que todavía me acompaña porque hay muchos que hoy siguen criticándome por algo que yo no hice”, recalcó una y otra vez.

Sobre la “bola” repetida tantas veces de su emigración hacia el extranjero me comentó que varias personas se sorprendían cuando se lo encontraban por ahí, y a todos tenía que darles la misma respuesta. “Yo no sé de dónde salió eso que yo me fui de Cuba. Nunca salí de mi país a pesar de todo, porque yo me sentía parte de aquí y no tenía nada que buscar afuera”, consideró Villar con un poco de molestia.

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En un momento en que mi compañero Pablo hojeaba algunos periódicos nuestro entrevistado se los quitó de las manos y decidió cambiar para otros temas de su trayectoria deportiva. Fue entonces que señaló que no entendía por qué en tantos años de carrera destacada había hecho solo una vez el equipo principal. “Miren lo que dice el periódico de mí, de lo que hice ese año. Ahora vean mi resultado en este torneo con el segundo equipo y éste otro escrito, y si sigo no terminamos más nunca”.

Julián Villar hizo varias veces la preselección nacional pero solo en el Mundial de 1973 celebrado en La Habana tuvo la oportunidad de jugar con el principal equipo Cuba en una competencia de primer nivel. Es real que fueron varias las temporadas sobresalientes para él, pero tampoco deja de ser cierto que en aquella etapa pululaban los jardineros de alto calibre.

Hoy este hombre vive en el olvido casi absoluto de fanáticos, periodistas y peloteros retirados. Por desgracia su obra deportiva cada vez se recuerda menos, y al margen de si tiene razón o no con respecto a su inocencia en el castigo que lo sacó de la pelota de por vida, tuvo resultados de sobra para estar entre los mejores jugadores que han formado parte de los representativos de la capital cubana.

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24 comentarios en ““Ni vendí juegos ni me fui de Cuba como han dicho muchos”, ACLARÓ estrella retirada de Industriales”

  1. Vi jugar a Julian Villar con Industriales y era un excelente pelotero , bateador peligroso siempre, bueno en tercera base y en los jardines con un tremendo brazo como pocos , es muy injusto lo que se dijo de el y más injusto que esté casi en el olvido un pelotero de su calidad indiscutible.

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