Semanas atrás, el pitcher derecho Rolando Macías ofreció a este medio declaraciones sobre el famoso juego entre Azucareros y Mineros en el lejano 1971, que los aficionados más viejos recuerdan por la tángana que se formó en el estadio “Augusto César Sandino” de Santa Clara.
Según Macías, le pegó al también lanzador diestro Orlando Figueredo un desbol con toda la intención del mundo en represalia por los pelotazos que ‘El Figaro’ le había lanzado a tres jugadores del conjunto del azúcar, lo que derivó en una trifulca tumultuaria en el campo y la posterior suspensión de ambos.
Figueredo quedó como “el malo de la película” y es por eso que decidió hacer declaraciones exclusivas a Swing Completo para esclarecer lo sucedido la noche del miércoles 10 de febrero de 1971, mientras transcurría la X Serie Nacional de Béisbol.
¿Qué sucedió antes de “el juego de los pelotazos”?
También desde Cuba y vía Whatsapp, expone: “Antes de ese partido, yo llevaba cerca de dos semanas sin jugar, cumpliendo una suspensión disciplinaria interna que ni siquiera trascendió a la prensa”.
La inhabilitación, por 15 días según Figueredo, se debió a un cruce de palabras que tuvo con el mentor del equipo, Roberto Ledo, sobre el campocorto titular de nuestro equipo, Mineros, Agustín Arias.
“Arias estaba jugando lesionado, con gasas, esparadrapos, correas y remiendos por todas partes. Algunos jugadores, para relajar el ambiente, lo comparaban con una momia, y a mí se me ocurrió decirle: ‘te pareces a un jodido San Lázaro’. Ledo lo escuchó, me dijo algo que no me gustó y yo no me quedé callado, le respondí un par de cosas. Fue un día en que nos dejamos arrebatar en Santiago de Cuba un encuentro que ya teníamos en el bolsillo, y entonces me suspendieron”, explica.
Orlando Figueredo relata los hechos
El día del juego de los pelotazos, la sanción de Figueredo no había expirado, de manera que no se esperaba que trepara a la tabla. Aun sin poder subir al montículo, el lanzador no entrenaba diferenciado de sus compañeros, sino que hacía todo igual a los demás, incluso de vez en cuando estiraba el brazo en el bullpen, pero eso era todo.
Por eso fue el mayor sorprendido cuando Francisco Salfrán, el coach de pitcheo, le dijo que se alistara porque iba a relevar al abridor Braudilio Vinent, a quien los Azucareros le marcaron tres en la misma primera entrada.
“Le dije: ‘¿Estás seguro?, porque el castigo aún está vigente’, y él, ‘sí, Ledo está de acuerdo’. Yo estaba afilado, imagínate, tanto tiempo sin lanzar, en las prácticas la bola me cimbraba”, añade.
El pelotazo a Silvio Montejo y el descontrol en el box
Todo ocurrió tan rápido, que prácticamente calentó en pleno partido. Su temida recta estaba más veloz que nunca, pero sin el control acostumbrado, derivado de tantos días sin ver acción. Se las arregló para amansar a los dulcísimos hasta el quinto inning, cuando vino a batear Silvio Montejo, que había remolcado dos anotaciones con triple ante Vinent.
“A Montejo lo puse en dos strikes y pensé: ‘ahora lo voy a pasar con una recta dura’. La tiraba por encima del brazo y se elevaba un poco al llegar a home. Él era joseador, de los que metía el cuerpo en la zona de strike. Metió la cabeza y ya no le dio tiempo de sacarla. Le golpeó entre el pómulo y la sien. Perdió el sentido y se lo llevaron para el hospital”, narra.
Figueredo agrega que se puso nervioso al ver la furiosa reacción de los aficionados en las gradas y se preocupó por el estado de salud de Montejo. Y cuando una entrada después ‘abolló las carrocerías’ de Juan ‘Canillita’ Díaz y Emilio Madrazo, las estructuras del Sandino empezaron a vibrar.
Se defiende: “Nunca propiné un desbol a propósito, porque sabía que con un bolazo podía matar o sacar del béisbol a cualquier persona. La falta de actividad, sólo corriendo, comiendo y entrenando, a alguien acostumbrado a pitchear cada 3 o 4 días, me pasó factura. Nunca le di un bolazo por gusto a nadie porque nosotros también teníamos que batear”.
La decisión de Ledo: «Me estaba arrojando a los leones»
Y eso era, consumir su turno al bate, lo que le tocaba a Figueredo en la parte alta del séptimo inning. Nunca pensó que al terminar el sexto episodio, en que le marcaron una debido a su descontrol, iba a seguir en el partido, tanto que cuando regresó a la cueva procedió a quitarse los spikes después que Salfrán le dijo que eso era todo.
“Entonces Ledo me dice: ‘¿Qué tú haces quitándote los zapatos? Dale, que vas a batear’. Él sabía que me estaba arrojando a los leones, tal vez no le bastaba con la suspensión, le quedaba algún resentimiento, de modo que no dije nada y me dirigí al cajón de bateo”, rememora.
Para entonces, ya Macías había hecho lo suyo.
“Le tiró a José ‘el Chivo’ García cuatro bolazos ceñidos al cuerpo con la intención de golpearlo, se insultaron feo, así que cuando puse un pie en home el momento no podía estar más caliente”, evoca el pitcher santiaguero.
El estallido en el terreno: la recta al casco y la verdad sobre la pelea con Macías
De acuerdo con lo dicho por Macías, el entrenador Pedro ‘Natilla’ Jiménez, impulsado por una de las reglas no escritas del béisbol, le pidió expresamente que mandara a Figueredo hacia primera por la vía amarga.
Cuenta Figueredo:
“Después de dos envíos malos, Macías me lanzó una bola hacia la cabeza, con miedo. Si vas a darle un desbol a alguien, debes tirárselo al centro, a las costillas, y él la tiró para la cabeza, me da en el casco y yo parto para el box con el bate en la mano, pensando en darle un batazo, pero cuando alzo el bate, Ramón Hechavarría, que estaba pendiente del rifirrafe, se mete en el medio y es el que le cae a golpes, yo no le hice absolutamente nada”.
Y cierra: “La policía es la que me saca del terreno, se forma una molotera de ampanga, se tiró una compañía de orientales pertenecientes a la División 50 y aquello terminó como la fiesta del Guatao”.
Figueredo radica en Holguín, Macías en La Habana. Son buenos amigos. De vez en cuando se hablan por teléfono.
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