Comisión Nacional incumplió nuevamente su palabra, y quedó mal con la prensa y la afición

Por Yasel Porto

La Dirección Nacional de Béisbol exige el cumplimiento del reglamento dentro de la Serie Nacional y eso es correcto, porque en toda liga deportiva hay una línea disciplinaria a seguir. Lo malo es cuando es esta institución o quien las rige más arriba, quien incumple con su parte, se resquebraja una vez más la seriedad del mayor espectáculo deportivo de Cuba.

Varios colegas me habían comentado que en la Conferencia de Prensa del lunes se habló que entre martes y miércoles serían dadas a conocer las sanciones por el incidente del domingo en el estadio 26 de julio de Artemisa. Llegó la noche del miércoles y en el espacio deportivo del noticiero estelar el comentarista deportivo Pavel Otero, comentó en el cierre del segmento que era el jueves cuando debía pasar finalmente. Lógicamente que si lo dijo fue porque había recibido el dato de la fuente directamente.

El jueves pasó y también el viernes, y los plazos anunciados por la Comisión más que desvanecerse se extendieron. O se, se complicaron las averiguaciones o se estuvo esperando de más arriba la decisión final. También puede caber perfectamente que no se tenía ni idea de cuáles eran las medidas más convenientes.

Como sea, hasta el mismo Comisionado quedó mal cuando informó en televisión del tema y fue hasta este sábado 5 de marzo que se conoció la última palabra sobre los sucesos antideportivos dentro del enfrentamiento entre Artemisa y Camagüey.

Si bien creo que alguna la medida debe tomarse ante lo que pasó en el hecho de marras, mi comentario no está motivado a algún interés especial por sancionar a los indisciplinados lo antes posible y tampoco analizar ahora las medidas tomadas. Fueron siete en total los que resultaron expulsados en el partido dominical.

El tema es que los directivos del béisbol y el deporte cubano se afanan muchas veces, sobre todo últimamente, en ser demasiado rigurosos a la hora de cumplir cada punto del reglamento aprobado por todos antes de iniciado el torneo. Pero es la propia DNB la primera que deja en evidencia su trabajo ineficiente y de paso hace quedar mal a la única prensa a la que le han permitido tener acceso oficial a la Serie Nacional.

Hace unos días atrás tampoco se actuó en concordancia con el reglamento de manera oportuna luego de ausentarse a la conferencia de prensa el manager de Artemisa, algo de lo que se quejó públicamente uno de los periodistas del territorio. Y si seguimos hurgando lloverán los ejemplos pero no voy a extender demasiado en lo que no se relaciona directamente con el centro de mi comentario. O más bien mi crítica.

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Se puede sancionar a un pelotero por saludar a una página de Facebook y después quitarle el castigo dos juegos antes por toda la presión que existió, aunque según ellos fue porque los propios sancionados reconocieron su error. Ni siquiera en algo que el 99 % de la gente criticó fueron capaces de admitir su equivocación. Demasiado orgullo quizá, pero también el pretender que la culpa es de los otros para evitar pagar todas las multas que tocan y que al final pierdan la licencia de conducción del béisbol cubano.

Es muy seguro que la presión popular con la medida a tomar los hizo demorarse más de la cuenta con lo de Artemisa y Camagüey. Sobre todo por al antecedente con Andrés Hernández y Alexis Varona, y por el cúmulo de expulsiones del campeonato que ya andaba por más de una veintena. Es lógico que se hayan presionados por no saber qué castigo imponer, y actuar en su justa medida para evitar excesos que provoquen el rechazo popular o paños tibios que también tengan el mismo efecto.

Hasta ahí es entendible de cierta manera, porque ya estamos acostumbrados a un código disciplinario variable en extremo, en el muchas veces se han pasado cuando no deben, o se quedan cortos cuando hay que ser enérgico.

Han habido otros problemas a los que se le ha dado paso, se ha mirado para otra parte o la sanción ha sido bien leve. Eso sí, cuando se trata de lo que tiene que ver con los medios no oficiales y lo que dicen jugadores y atletas, y a quién se dicen ahí la efectividad es casi perfecta.

Lo que no se justifica bajo ningún concepto son las falsas promesas. Porque los periodistas dan una información y más allá de perder credibilidad ante sus seguidores, sirven de puente para crear falsas expectativas y de cierto modo decir mentiras. Para colmo después que pasaron los días tampoco existe un argumento sólido que explique la dilatación, para no tocar la inexistente palabra disculpa con los periodistas y especialmente a los aficionados.

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El béisbol cubano necesita que quienes lo dirigen lo respeten un poco más. Y en ese respeto va todo sin excepción: prensa, peloteros, árbitros y aficionados.

Ahora dirán que en el reglamento no aparece ningún acápite en el que se reflejen los deberes de la Comisión Nacional en este y otros aspectos, y que, por tanto, esta promesa incumplida no puede ser sancionada por ley. Ni hay espacio para la crítica en tal sentido.

Después no quieren las críticas de esos medios no oficiales a los que está más que claro por qué se resisten a darles acceso. Con la prensa estatal siempre habrá frenos editoriales y no saldrían a la luz muchos de sus errores que pondrían en evidencia a todos esos oportunistas que viven del béisbol.

Estas son cosas que dañan aunque parezca una bobería. Pero después ya es sabida la respuesta que viene sobre quienes señalamos todos estos problemas. Su única salida o postura no es resolver ese problema, sino el arremeter de esos «poderosos» o «comprometidos» contra aquellos mensajeros que solo somos el reflejo de un pensamiento mayoritario. Si lo dudan solo echen un vistazo a las cada vez más fuertes redes sociales. No hay un espejo mejor, sobre todo en los criterios de los que viven día a día la Serie Nacional dentro de Cuba.

La ley debiera ser pareja para todos. Pero deber no es sinónimo de realidad. Y ya sabemos que donde manda capitán el soldado tendrá las de perder.

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